«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

domingo, 21 de diciembre de 2014

Una cultura espiritual participativa


Estoy traduciendo algunos fragmentos del libro Participatory Spirituality de John Heron, un autor prácticamente desconocido en nuestro país. Creo que merece la pena por su visión de la espiritualidad y por su punto de vista crítico con la religión institucionalizada. Os dejo con el primero. 


Actualmente existe un creciente número de personas con una mentalidad espiritual que están ocupadas con su propia indagación de vida y que están tratando de llegar a un diálogo abierto y constructivo sobre ello. Éste es un fenómeno social con el que estoy fuertemente identificado y al que llamo una cultura espiritual emergente y participativa. Involucra a una minoría significativa de personas que va en aumento a lo largo y ancho del planeta.

Somos una red amplia e informal de individuos que estamos forjando nuestros propios caminos espirituales desde una fuente creativa interior, desarrollando nuevas formas de espiritualidad adecuadas a nuestra época. Al mismo tiempo honramos y recurrimos al vasto acervo de prácticas y creencias espirituales derivadas de una diversidad de fuentes, antiguas y modernas, que proceden de todo el mundo y en las que nos inspiramos.

Mi impresión es que existen tres criterios interrelacionados que nos identifican y que pueden aplicarse en varios grados a cualquier individuo:

1. Afirmamos nuestra propia y original relación con el espíritu de la creación, reconocemos la autoridad espiritual en el interior y no la proyectamos exteriormente en maestros, tradiciones o textos.

2. Nos mantenemos alerta ante los peligros de una espiritualidad defensiva y ofensiva, en la cual las alteraciones emocionales no procesadas distorsionan el desarrollo espiritual, negando partes de nuestra propia naturaleza o haciendo afirmaciones exageradas con objeto de manipular a los demás.

3. Estamos abiertos a un diálogo genuino sobre creencias espirituales y a una toma de decisiones colaborativa sobre prácticas espirituales que se hayan emprendido entre todos.

El término “participativa” se aplica a esta cultura de dos modos íntimamente conectados. Primero, participamos en el espíritu viviente de forma autónoma, en la luz de nuestra propia conciencia discriminativa. Y segundo, participamos en el espíritu viviente de forma co-operativa, compartiendo nuestra presencia, y aprendiendo cómo tomar decisiones juntos respecto a las formas en que nuestra cultura espiritual celebra tanto nuestra diversidad como nuestra unidad.

Esta simple y radical combinación le dice adiós a la religión autoritaria, en la que una autoridad externa prescribe los límites dentro de los cuales la autonomía espiritual y la co-operación deben ser ejercidas.


Traducido del inglés, del libro Participatory Spirituality. A farewell to authoritarian religion, de John Heron. Prologue: a participatory spiritual culture, p. 1.

sábado, 11 de octubre de 2014

Conócete a ti mismo


Según se cuenta en la tradición, estas palabras estaban inscritas en el oráculo de Apolo en Delfos.

A pesar de todos los siglos que nos separan de la floreciente cultura griega, creo que no puede haber ningún otro precepto que tenga más vigencia que éste, dadas las circunstancias en las que vivimos en nuestro mundo moderno y postmoderno.

Creo que es oportuno que volvamos nuestra mirada hacia nosotros mismos y hacia nuestra realidad interior para que logremos descubrir el secreto que encierra. Se trata de hacer un gesto de introspección, de descubrir la mirada que nos devuelve al alma, de compartir un trayecto del camino que nos conduce a la luz del conocimiento.

Seguramente nada hay tan vasto como esta realidad interior, un universo poblado de sueños, de imágenes, de sentimientos, de emociones, de pensamientos, de ideas. La vía del autoconocimiento es el camino que nos sitúa frente a nosotros mismos para que podamos re-inventarnos, re-imaginarnos y re-descubrirnos, y también es una vía de superación, de trascendencia y de compasión.

Y lo podemos hacer de muchas formas y desde muchos ámbitos: desde la psicología, la filosofía, la ciencia, la espiritualidad, el esoterismo, la ecología, desde la sabiduría que cada uno lleva dentro. No hay ningún lugar desde el que no podamos hacer un abordaje a nuestro mundo interno para tratar de responder a las preguntas fundamentales: ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? ¿Hacia dónde voy?

Las palabras son importantes, hubo un tiempo en el que tenían poder terapéutico. La gente se curaba escuchando a recitadores de versos, a rapsodas y poetas. En la actualidad no se le da demasiado crédito a la idea de que escuchar a alguien o pronunciar un discurso pueda producir una verdadera transformación. Lo importante, nos dicen, es la “práctica”.

Sin embargo, los discursos y las conversaciones también nos cambian. Yo particularmente apuesto por recuperar ese ideal terapéutico y transformador a través de un diálogo consciente y creativo, por llegar al alma y al espíritu mediante las palabras, y también por que entre todos nos demos la oportunidad de crear un “nosotros” que sea un canal diáfano a través del cual se manifieste una nueva realidad y un nuevo mundo más pleno, más alegre y más amoroso.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El descubrimiento del cuerpo

Hay cosas que nos vienen dadas. Nadie elige tener un cuerpo, una mente, un alma o un espíritu. Simplemente es así, eso es lo que sucede cuando venimos al mundo. Traemos con nosotros esas estructuras, que son las que conforman nuestras dimensiones básicas, y las vamos descubriendo a medida que crecemos y maduramos. Otra cosa muy distinta es lo que decidimos hacer con nuestro cuerpo, con nuestra mente o con nuestra alma.

Porque hay distintos modos de mirar el cuerpo, de contemplarlo, de entenderlo. Evidentemente todo el mundo sabe que tiene un cuerpo: caminamos con él, hacemos deporte con él, nos movemos con él, el asiento de nuestra consciencia parece estar en él. Sin embargo, existe la posibilidad de re-descubrirlo de un modo diferente.

Tal vez la práctica del hatha yoga sea una de las formas más revolucionarias de entender el cuerpo, porque cuando uno comienza a practicar percibe de pronto que el cuerpo deja de ser un agregado de partes inconexas para convertirse en un todo integrado que late al unísono debajo de nuestra piel. Nos hacemos mucho más conscientes de él, advertimos detalles de nuestra morfología que hasta entonces nos pasaban desapercibidos, nos sentimos más cerca de nuestros músculos, de nuestra sangre y de nuestros huesos.

Pero para descubrir el cuerpo de esta forma es necesario que haya una consciencia que lo perciba, ha de haber un yo consciente que experimente y que registre ese hecho. Somos testigos de ese despertar. La consciencia es informada por el cuerpo y a su vez la propia consciencia ilumina toda esa nueva realidad corporal recién descubierta.
 

Así pues, podríamos deducir que participamos de un doble movimiento: partimos de nuestro cuerpo para la práctica, es con lo que contamos desde la base, lo que primero tenemos a mano, nuestra herramienta de trabajo; después, basta con que la consciencia testifique ese hecho para que ella misma se transforme e ilumine la propia práctica. Son dos procesos que se retroalimentan, dos movimientos en uno solo, dos acciones inseparables que desembocan en la consecución de lo que podríamos llamar un cuerpo-mente integrado.

Es una forma de entender el yoga. El desafío consiste en poder trabajar con todas nuestras dimensiones básicas: cuerpo, mente, alma y espíritu sin reducir unas a otras, para terminar por fin integrándolas. Ésa quizá sea la clave que nos permita contemplarnos desde una perspectiva más amplia. Y ésa es la vía del yoga: una vía hacia lo ancho, hacia la apertura y hacia la iluminación.

viernes, 29 de agosto de 2014

Una cura para el alma

Probablemente pocas cosas hay tan delicadas como una flor. Nos sorprenden por sus colores, por la simetría casi perfecta de sus pétalos, por la profundidad de sus aromas, por los mundos sutiles que nos evocan. Cuando las contemplamos hay una reminiscencia de algo que es de otro mundo. Sabemos que cuando tocamos una flor nos estamos acercando al alma.

Ya lo dijo Edward Bach: las llamaba the happy fellows of the plant world, los seres felices del mundo vegetal. Las flores, seña de identidad de las plantas, nos acercan al alma, porque son alma y porque nos tienden la mano para que lleguemos a nuestro ser esencial. Ellas tienen el secreto y el mensaje adecuado para que nosotros mismos nos podamos reconocer como almas, porque en nuestro mundo moderno ya casi hemos olvidado este hecho tan simple.

Las flores encierran una esencia y una enseñanza, algo que no puede ser entendido racionalmente, algo que no tiene explicación y que nunca lo tendrá. Ellas son la cura para nuestra alma herida, porque el alma humana es un alma herida debido a todas las vicisitudes que ha de atravesar para llegar aquí. Y ellas tienen el poder de tocar nuestra herida delicadamente sin hacernos más daño. Ésa es la cura que nos proporcionan si podemos confiar en ellas.

Y esta cura es una cura sagrada, un proceso de transformación extraordinariamente simple. Sin darnos cuenta, las flores tocan nuestra alma y la reparan, son las llaves que abren nuestras puertas internas para mostrarnos toda la maravilla que se abre al otro lado. Nos dan la oportunidad de descubrir nuestros paisajes interiores para que podamos ver en ellos los senderos que nos conducen a nuestro destino.

Porque nuestro destino es un destino espiritual que se dibuja en esos mundos sutiles, algo que es como un conocimiento antiguo que ha estado ahí desde siempre. Las flores nos ayudan a reconocerlo y a hacerlo nuestro. Es como una misión y un propósito, y es el tesoro que siempre hemos estado buscando. Nuestra felicidad sólo puede consistir en hacer real ese designio en este mundo nuestro, en traer a la tierra ese pedacito de eternidad que se esconde en lo más recóndito de nuestro ser, y las flores nos pueden ayudar a realizar ese milagro.

viernes, 22 de agosto de 2014

Fronteras espirituales

Nos pasamos la vida atravesando puertas. ¿Os habéis parado a pensar cuántas atravesamos a lo largo de un día? Entrando y saliendo de nuestra habitación, del baño, del salón, del garaje, del coche, del trabajo. Y no sólo eso, cuando caminamos por la calle también accedemos a múltiples espacios, y cada uno de ellos nos transmite una sensación diferente.


Probablemente ese hecho tan simple, tan inconsciente, está grabado a fuego en nuestras mentes, en nuestra estructura psíquica. Es un acontecer natural. La realidad está hecha así, está hecha de puertas, por eso nuestro transitar por todos esos espacios nos pasa desapercibido. Es nuestra forma de movernos en el mundo.

Después están las fronteras sutiles, como la que nos conduce de la vigilia al sueño, y de éste al sueño profundo, y las que nos conducen de un estado de conciencia a otro. En muchas ocasiones no somos conscientes de haber atravesado estas puertas, estos umbrales, pero sabemos que lo hacemos porque simplemente experimentamos un cambio en nuestra conciencia.

Metaforizamos las cosas interiores. Atravesar una puerta es una buena metáfora para entender qué es lo que pasa con nuestra mente, con nuestra conciencia, cuando experimentamos esos cambios. Y en ocasiones anhelamos un cambio mayor, un cambio que nos transforme radicalmente, que nos cure, que se traduzca en un cambio de realidad y que nos sitúe en un mundo nuevo.

Sin embargo, la mente no va a ninguna parte ni atraviesa ningún umbral, la conciencia que es, que fue y que será siempre estuvo allí, idéntica a sí misma como base y fundamento de todo lo que sucede y desde la que emergen todas las cosas, incluidas las puertas, incluida la imagen que tenemos de nosotros mismos atravesándolas. Tal vez ésta sea la puerta de las puertas y la única frontera que merezca la pena atravesar: la que nos conduce al corazón de lo que realmente somos.

Por eso no nada hay tan simple como ser, nada se nos revela con tanta contundencia, con tanta pureza. Ése es el milagro: tomar conciencia del simple hecho de ser, desprendiéndonos de toda carga, celebrando nuestro paso por todos los umbrales que nos encontramos en nuestra trayectoria, por todos los mundos que se abren al otro lado, sabiéndonos y amándonos en este último paso que jalona nuestro camino. 

domingo, 19 de mayo de 2013

Contemplar el océano desde múltiples orillas 4

Esta cuarta sesión se dividirá en las siguientes partes:

1. Comenzaremos tratando de ver qué entendemos por espiritualidad o qué significa ser espiritual. Daremos ideas sobre lo que cada uno entiende por eso y después las contrastaremos con las opiniones de algunos "expertos".

2. Repasaremos algunas ideas clave sobre lo que pretende ser este taller (integral, participativo, basado en lo que hemos llamado indagación espiritual) y veremos algunas metáforas que se asocian al conocimiento: el conocimiento como un fluido y el conocimiento como iluminación.

3. Práctica en el exterior. Se tratará de desarrollar la atención a través de una participación creativa con el entorno en una práctica que podemos denominar "imaginación sensorial".

4. Sharing (compartir) con churinga ("objeto hablante") de experiencias transpersonales, como las ya vistas en sesiones anteriores.

5. Lectura y comentario del texto Nada tan simple como esto: la Historia de la Vida, capítulo primero de Free thyself (Libérate tú mismo), de Edward Bach.

Sábado 25 de mayo a las 4 de la tarde en la Casa de la Espiritualidad del Alto del Rollo.
Precios:
Alumnos míos de yoga: 7 euros.
Resto: 10 euros.   

martes, 23 de abril de 2013

Contemplar el océano desde múltiples orillas 3


La tercera sesión seguirá la misma línea de las anteriores. Se dividirá en las siguientes partes:

1. Comenzaremos abordando una pregunta clásica desde el punto de vista de la filosofía vedanta: ¿quién soy yo? Veremos un vídeo sobre este tema.

2. Repasaremos algunos puntos de la sesión anterior: ideas de lo integral de Aurobindo y Gebser, y otros modelos que apuntan en esa dirección.

3. Práctica meditativa.

4. Sharing con churinga de experiencias transpersonales, como en las sesiones anteriores.

5. Doce factores para el desarrollo de una inteligencia espiritual (desde el punto de vista de Danah Zohar e Ian Marshall).

Sábado 27 de abril a las 4 de la tarde en la Casa de la Espiritualidad del Alto del Rollo. Precios: los de siempre. 

martes, 19 de marzo de 2013

Contemplar el océano desde múltiples orillas 2

Esta segunda sesión, al igual que la primera, se dividirá en varias partes:


1. Plantearemos un doble debate, entendido como ejercicio de indagación, sobre dos cuestiones apuntadas en la primera sesión: ¿existe alguna verdad universal que subyace a todas las versiones particulares de la verdad?, para lo cual apelaremos a uno de los textos capitales del hinduismo: el Bhagavad Gita. La segunda cuestión podría resumirse en la siguiente: ¿es necesario aprender o desaprender (¿recordar?) para llegar a vivir una vida espiritual?, para lo cual recurriremos a la teoría de la reminiscencia platónica.

2. Práctica meditativa.

3. Primeras noticias de lo integral: exploraremos cómo surgió esta idea; en Oriente con la figura de Aurobindo, en Occidente con Jean Gebser. Daremos unas cuantas pinceladas de las ideas de ambos.

4. Sharing (compartir) con churinga (“objeto hablante”). En este caso compartiremos algunas experiencias transpersonales (de los tipos propuestos en la primera sesión, o de otros tipos) (ver resumen de la sesión 1 aquí).

Como la vez anterior, estaremos el sábado 23 de marzo en la Casa de la Espiritualidad del Alto del Rollo a partir de las 4 de la tarde. Precios: los mismos que en febrero.


Se ruega confirmar asistencia: fsturrion@hotmail.com 

martes, 5 de febrero de 2013

Contemplar el océano desde múltiples orillas

Han pasado dos años desde la última entrada que publiqué en este blog y creo que es el momento de retomarlo. Lo haré con una nueva idea: un taller experimental de espiritualidad "creativa" que lleva por título Contemplar el océano desde múltiples orillas, y por subtítulo Una exploración integral y participativa de lo transpersonal.

La idea es realizar cuatro o cinco sesiones de tres o cuatro horas de duración los últimos sábados de mes, de febrero a junio de 2013. En principio es un taller que va a tener bastante contenido y en gran parte va a ser teórico. Sé que mucha gente tiene prejuicios hacia la teoría y que en determinados círculos se piensa que vale más la práctica que la teoría. Yo, particularmente, estoy en completo desacuerdo con eso y pienso que la práctica sola, sin una visión que la respalde y la aliente, es completamente estéril. También estoy en desacuerdo con las distinciones que habitualmente se hacen entre práctica y teoría. En cualquier caso intentaremos que la teoría sea una teoría atractiva, divertida, y que a través de ella podamos hacer un trabajo sutil, profundo y transformativo.

Así pues, la primera sesión tendrá lugar el próximo sábado 23 de febrero a partir de las 4 de la tarde en la Casa de Espiritualidad de N. S. de la Vega, Plaza Alto del Rollo, 7. El contenido de esta primera sesión será el siguiente:

Exposición teórica. Intentaremos aclarar de forma resumida qué son el océano y las orillas, y qué significa lo integral, lo participativo y lo transpersonal.

Práctica meditativa o mindfulness. Introducción.

Exploración de diferentes experiencias transpersonales. Experiencias de lo que habitualmente llamamos alma o espíritu, o de las posibles incursiones que pueden hacerse en los dominios del alma o del espíritu.

Lectura y comentario de textos de diferentes tradiciones de sabiduría.


Precios por sesión:
Alumnos míos de hatha yoga (últimos tres años): 7 euros.
Resto: 10 euros.

Podéis descargar el folleto informativo aquí.

Si estáis interesados en asistir, podéis contactar conmigo en fsturrion@hotmail.com y os cuento más detalles.



martes, 1 de febrero de 2011

Corpus Hermeticum

Decididamente estoy atravesando una fase oscura. En un sentido psicológico, claro está. Aunque no tan oscura como la del periodo 84–87. Oscura, pero no por ello improductiva. Tres libros en cinco años… Todo esto es muy interesante. Tan interesante como las oscuridades herméticas con las que estoy lidiando estas semanas. Reproduciré un párrafo completo incluido en el Corpus Hermeticum, citado a su vez en el libro Giordano Bruno y la tradición hermética de Frances A. Yates, un libro francamente maravilloso.

Si no te haces igual a Dios, no podrás comprenderle, ya que toda cosa sólo es inteligible para otra similar a ella. Elévate hasta alcanzar una grandeza por encima de toda medida, libérate de tu cuerpo con un brinco, pasa por encima de todo tiempo, hazte Eternidad y entonces comprenderás a Dios. Convéncete de que nada es imposible para ti, piensa que eres inmortal y que estás en condiciones de comprenderlo todo, todas las artes, todas las ciencias, la naturaleza de todo ser viviente. Asciende hasta situarte por encima de la mayor altitud; desciende por debajo de la profundidad más abisal. Experimenta en tu interior todas las sensaciones de aquello que ha sido creado, del fuego y del agua, de lo húmedo y de lo seco, imaginando que estás en todas partes, sobre la tierra, en el mar, en el cielo. Imagínate que aún no has nacido, que te encuentras en el seno materno, que eres adolescente, viejo, que estás muerto, que estás más allá de la muerte. Si consigues abarcar con tu pensamiento todas las cosas en su conjunto, tiempos, espacios, substancias, cualidades, cantidades, podrás conocer a Dios.

Un trabajo, el de Yates, ciertamente impresionante. Un repaso de toda la magia renacentista, desde Ficino hasta Bruno pasando por Pico, Dee, Agrippa, Campanella y muchos otros.

domingo, 16 de enero de 2011

Llegó el Señor Pez con sus discípulos

Sí, ya está aquí. Se trata de una autobiografía yóguica que he estado escribiendo durante los últimos dos años; un relato que, desde luego, no pretende eclipsar la historia de Yogananda, aunque sí quizá servir de complemento a su conocido libro. ¿Por qué no iba a poder cualquier yogui occidental escribir un relato sobre su propia vida yóguica?

El libro aún no existe, pero desde aquí os invito a que echéis un vistazo a sus preliminares virtuales. Espero que sea una realidad en dos o tres meses. Lo novedoso es que viene acompañado de una película que yo mismo he estado filmando. Ya podéis ver la primera parte. Espero vuestros comentarios.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Mal romance

Hace unos meses escribí un artículo sobre la visión y la filosofía de Edward Bach. Se trataba de un estudio de Bach desde una perspectiva transpersonal.

Mi intención era acercar el mundo de la psicología transpersonal a la visión y a la terapia propuestas por el médico de origen galés.

De hecho, envié el artículo al Journal of Transpersonal Research (JTR) para que lo publicasen.

Quería, y sigo queriendo, psicologizar a Bach, ya que, al fin y al cabo, los expertos en psiquismo, y en otros asuntos de la conciencia, son los psicólogos.

El artículo fue rechazado.

Querían trabajos que tuvieran una fuerte base empírica; o sea, datos, estadísticas, números, muestreos, pruebas, en definitiva, de que las Flores funcionan. Como si las Flores de Bach pudieran someterse tan fácilmente a las garras de la ciencia.

La sensación que da es que quieren pruebas de que lo transpersonal existe; en otras palabras, aplicar la ciencia, o quizá el cientifismo, a cosas transpersonales, cosas como el alma, el espíritu, la conciencia, etc.

El propio Ken Wilber ha intentado, en parte, hacer tal cosa, llegando incluso a proponer un matrimonio entre la ciencia y la religión, cosa que ha sido puesta en tela de juicio por otros investigadores.

Tal vez, como ya ha sugerido Jorge Ferrer, y como firmaría Lady Gaga, ese sea un mal romance.

De momento, mi romance con el JTR ha sufrido un serio revés.

domingo, 7 de noviembre de 2010

¿Cómo es posible que una de las personas que hay en el mundo sea yo?

Mañana gris de domingo.

Me hago, entre otras, la misma pregunta que se hace Thomas Nagel en su libro Una visión de ningún lugar: ¿cómo es posible que una de las personas que hay en el mundo sea yo?

Parece más bien un koan zen.

En el zazenkai de hoy no he estado especialmente inspirado, demasiado murmullo en las neuronas.

Mi estómago está vacío. Me tomo dos castañas.

También me pregunto cómo continuar con la investigación transpersonal. Creo que no se trata sólo de psicología, y a buen seguro de mucho más que de simple empirismo psicológico.

La filosofía entra en juego. En particular, Eugenio Trías (
http://eugeniotrias.com/), uno de los filósofos más importantes de este país.

Lo digo porque hace unos meses leí uno de sus libros, y porque hablar del alma y del espíritu, como él hace, significa referirnos a cosas que están más allá o más acá de lo personal.

A los investigadores transpersonales no les vendría mal echar un vistazo a su obra.

¿Cuándo empecé a ser?

Me temo que no hay respuesta para muchas de estas preguntas. Me tranquiliza el hecho de saber que el otoño aún es largo y que en cualquier momento podré calentarme las manos con un cucurucho lleno de castañas calientes, quizá esta misma tarde.

martes, 7 de septiembre de 2010

Síndrome de Aniversario


12 de septiembre de 1918:
Muere Marcelina Vicenta Cubas, vecina de Villarmayor (Salamanca), a la edad de 28 años víctima de la gripe española.

7 de septiembre de 1938:
Muere Evaristo Sánchez Cubas, hijo de Marcelina, a la edad de 25 años en el frente de guerra del Ebro luchando en el lado franquista.

Marcelina fue la primera mujer de mi abuelo paterno, Ángel Sánchez Pascual. Cuando murió, Evaristo tenía 5 años. Poco tiempo después, mi abuelo formaría una nueva familia casándose en segundas nupcias con la que sería mi abuela, Gabriela Borrego Martín, de quien tuvo dos hijos más. El más pequeño de ellos sería mi padre.

Estudiando y meditando estas vicisitudes de guerras y aniversarios de muertes he llegado a ciertas conclusiones psicogenealógicas:

Evaristo fue víctima de un “te sigo” (Hellinger); o sea, de una tendencia inconsciente de seguir a su madre a la muerte (tal vez no era feliz en el nuevo ambiente familiar, tal vez siempre se encontró fuera de lugar entre su madrastra y sus nuevos hermanos).

Y pienso que es así por la proximidad de las fechas en que se produjeron ambas muertes, la suya y la de su madre. Esa diferencia de tan sólo 5 días (20 años después) es un dato fuerte que avala la hipótesis de que se trata de un síndrome de aniversario (Schützenberger), o síndrome de Evaristo como ya lo llamé en una ocasión.

Evaristo esperó a hacerse mayor para seguir a su madre con todas las de la ley. Nada mejor que una iniciación como la de vivir una guerra a pie de trinchera para dar el paso que certificara el vínculo entre ambos. La contienda bélica fue la mejor oportunidad para consumar su inconsciente lealtad.

Así pues, si Marcelina no hubiera muerto yo no estaría aquí. Por tanto, también hay un vínculo que me une a ella, y quizá en menor medida también a Evaristo. Ellos debieron irse para que yo viniera. En cierta forma les debo a ellos cada una de mis respiraciones, todas mis experiencias y todos mis logros. Y así me lo tomo. Una parte de todo lo que hago es para ellos. En todos mis actos están presentes de una u otra forma. En cierta manera me poseen, o al menos poseen una parte de mi psique. Ellos también me llaman desde el otro lado, me invitan a seguirlos, lo sé. Pero ante esa llamada, yo, haciendo caso a Hellinger, utilizando sus estrategias, les digo que también me iré, pero que todavía es pronto y que esperaré un poco más. Y sé que todavía esperaré un poco más.

Tal vez estas ideas son un poco fuertes, pero es así. Aunque más que ideas son sensaciones y sentimientos, maravillosos sentimientos que pueblan una memoria inconsciente. Quizá esta silenciosa y privada memoria mía de ellos pueda compensar el olvido que se les ha impuesto. Ahora nadie se acuerda de ellos. Ni siquiera sé dónde están sus tumbas.


Se fueron, pero siguen vivos en mi conciencia, año tras año, siendo testigos del mundo a través de mis ojos, iluminando todas las cosas que se ven en este verano que se apaga, en estos extraños días de Septiembre, en la lluvia inconstante, suave y vacía de esta misma tarde.

miércoles, 23 de junio de 2010

Notas inarticuladas

Llevo unos tres años leyendo ininterrumpidamente libros de psicología y de filosofía. Nunca hasta ahora he disfrutado tanto de la lectura. Leer me parece un ejercicio casi mágico, sublime. Poder disfrutar de un buen libro al lado de la ventana mientras contemplamos el límpido cielo azul hacia el que volamos alzados por palabras que nos conducen a otros mundos… La bandera española que cuelga de la ventana del vecino de enfrente no me inspira demasiado. Colores chillones para los que mis ojos son ciegos.

En tres años he producido miles de notas que se agrupan en docenas de folios. Muchas resumen todos esos libros, algunas son ideas propias y comentarios personales, otras se refieren a diversos temas que me interesan especialmente. Ayer caí en la cuenta de lo difícil que será articularlas en alguna visión coherente, si es que cabe alguna articulación posible. También sospecho que quizá no se traté tanto de leer y anotar mucho como de tener ideas brillantes y originales que puedan nutrirse de todos esos comentarios.

La roja es la roja, pero estos primeros días de verano el cielo es más azul y más inabarcable que nunca. ¿Alguien se ha dado cuenta de ello entre tanto furor mundialero?

lunes, 14 de junio de 2010

Religión y Espiritualidad

A veces religión y espiritualidad se nos presentan como dos polos antagónicos y prácticamente irreconciliables. Sin embargo, no creo que realizar una distinción tan radical entre ambos sea tan fácil. Me refiero a una distinción en la que la religión parezca lo peor de lo peor y la espiritualidad lo mejor de lo mejor. De hecho no estoy demasiado convencido de que pueda trazarse una frontera lo suficientemente clara como para definir de una vez por todas los dominios de ambas.

Por supuesto que hay religiones institucionalizadas que han hecho mucho daño, sobre todo las monoteístas, y que probablemente necesitan renovar sus dogmas dados los tiempos que corren, pero también es cierto que han existido y existen movimientos espirituales sin demasiado renombre y con poco impacto social cuyos únicos objetivos han sido captar adeptos y manipular las creencias de sus seguidores.

No sé si la cosa es tan simple como afirmar que la religión no es más que espiritualidad institucionalizada para mantener un estatus social y un sistema de creencias. Cierto que intuitivamente entendemos la religión como algo dado que nos viene de fuera y la espiritualidad como algo que nace y se desarrolla en el interior, entendiendo fuera y dentro también intuitivamente, pero creo que el asunto es mucho más complejo que todo eso.

Posiblemente, y como ya han apuntado otros autores, cada movimiento religioso ha tenido dos aspectos, uno transformativo (el espiritual-interior) y otro mantenedor de estatus y de cohesión social (el religioso-exterior). Pero creo que ambos han sido y son igual de importantes.

Así pues, se me ocurren algunas cosas buenas de las religiones: han servido y sirven para crear una estructura social, para apuntalar el nivel de conciencia de cada época y, por ende, para darnos una imagen de la realidad en la que vivimos. Sin esas cosas hubiera sido imposible llegar hasta aquí. Cierto que esa realidad quizá no es la mejor posible, pero es gracias a ella que podemos hablar de espiritualidad y de prácticas espirituales inspiradas por esos movimientos religiosos. Sin sus visiones posiblemente ni siquiera hubiera podido nacer un concepto de la espiritualidad tal y como hoy la concebimos. Así pues, tenemos una visión del desarrollo espiritual gracias a las religiones y no a pesar de ellas.

De hecho, es muy posible que sólo podamos emprender un determinado camino espiritual si previamente tenemos alguna idea religiosa, y las ideas religiosas sólo han podido ser articuladas por las grandes religiones. En ese sentido, y como ya he comentado en otra entrada, podemos entender las religiones como las grandes depositarias de la idea de Dios o de la Divinidad. Por tanto Dios, la Diosa o la Divinidad está en el mundo gracias a las religiones.

Entonces, ¿por qué parece que les tenemos tanta manía? Creo que eso sencillamente ocurre cuando uno está comprometido con una vía transfromativa, sencillamente cuando uno ha captado que la mera religión institucionalizada no es suficiente para acceder a un nivel de conciencia, digamos, “superior”, porque esas religiones están pensadas para la gran masa no implicada en procesos de ese tipo. Pero eso, como ya he dicho antes, no es motivo suficiente para deshacernos de ellas. En mi opinión, reconocer ese aspecto estructurador es una forma de honrarlas y de darles el valor que merecen.

viernes, 21 de mayo de 2010

Journal of Transpersonal Research

Una buena noticia: tenemos en la red una nueva revista de Psicología Transpersonal. Se trata de http://www.transpersonaljournal.com/, y se edita en castellano y en inglés. Así que podremos leer trabajos de cierto nivel sobre muchos temas relacionados con ese campo de la Psicología en nuestra lengua patria.

De igual forma, supone un gran aliciente para todos los que humildemente estamos haciendo nuestros primeros pinitos en este tipo de investigaciones. Todo eso, unido al hecho de que lo transpersonal suele dar mucho juego y abrirse a muchos otros campos de estudio, garantiza nuestra curiosidad. Ya podéis descargar el primer número, y totalmente gratis. Lo celebramos.

martes, 13 de abril de 2010

Ajo y café

Por las mañanas, antes de desayunar, me tomo medio diente de ajo, o uno entero si no es muy grande. También tomo café. Eso sí, no demasiado. La norma suele ser alrededor de cinco a la semana. Estos referentes, me temo, me sitúan entre los yoguis heterodoxos y transgresores.

Y es que tanto el café como el ajo figuran en la lista de alimentos que se desaconsejan para todo buen yogui que se precie, el primero por rajásico (excitante) y el segundo por tamásico (paralizante).

Sin embargo, yo no le hago demasiado caso ni a esas antiguas clasificaciones ni a la famosa doctrina de los gunas. Sencillamente no creo que comer ajo y tomar café nos haga menos espirituales ni nos aleje de la pureza sátvica que tanto proclaman los puristas de esta tradición.

En mi opinión, tanto la teoría de los gunas como muchas otras cosas relacionadas con el yoga necesitan ser revisadas para que hoy día tengan alguna credibilidad y puedan adaptarse a los nuevos tiempos. Porque si sólo admitimos como válidos los alimentos sátvicos, ¿cómo podemos entender a Krishna en el Gita?: Si el alma supera los tres modos de ser de la naturaleza [los tres gunas, no sólo tamas y rajas], no estará sujeta al nacimiento, a la muerte, a la vejez y al dolor, y, por el contrario, alcanzará la inmortalidad.

Así pues, soy un yogui tamasizado y rajasizado. Espero que eso no me impida reconocer el resplandor de la divinidad en los torbellinos del samsara, aunque tenga el sabor del ajo y el aroma del café.

martes, 6 de abril de 2010

42

Cuarenta y dos. Eso es lo que pone en mi DNI. Hoy cumplo cuarenta y dos años y cuatro meses. ¡Quién iba a decirlo! Sin embargo, en cierta forma, siento que mi vida aún no ha comenzado. De hecho no me da la impresión de tener un cuerpo de esa edad. Y si tengo que atenerme a la edad psicológica menos aún. En muchos aspectos no pienso de forma muy diferente a la época en la que rozaba la veintena.

Lo que sí noto es haber adquirido cierta profundidad y cierta madurez. Está claro que desde los cuarenta uno tiene cierta perspectiva de su vida anterior, probablemente porque uno va estando más cerca de la cumbre de la montaña, si es que hay alguna cumbre que alcanzar. Es posible que si hablamos de edad espiritual no haya muchas cosas que decir.

Desde las alturas ganadas preveo dos décadas de deliciosa batalla por delante con muchos proyectos de por medio. Tal vez, si sigo en este mundo, a eso de los sesenta y cinco monte una tetería, siempre me gustó la idea. Ese podría ser un buen lugar para el reposo del guerrero. No faltaría allí sitio para las tertulias, para el arte, para todo tipo de tés y, por supuesto, para el mejor café del mundo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Los últimos monos literarios

Yo soy uno de los últimos monos literarios, uno de esos a los que las editoriales apenas hacen caso, uno de esos que tienen que olvidarse de publicar con alguna editorial conocida, uno de esos que, por supuesto, debe olvidarse de aspirar a vivir de la literatura.

Pertenezco e esa extraña clase de monos cuyas huellas apenas pueden verse en los escaparates de las librerías, uno de esos que tímidamente acuden con sus relucientes trabajos al librero más cercano llenos de optimismo, uno de esos a los que casi se les esfuma la ilusión puesta letra tras letra cuando ven que después de cuatro meses acumulando polvo entre miríadas de libros sólo se ha vendido un único ejemplar.

La extraña condición de último mono literario puede llegar a ser dolorosa en algunas ocasiones, sobre todo cuando da la sensación de que a uno nadie lo ve, cuando uno intenta presentar con todo el amor del mundo el recién parido hijo literario y tiene que marcharse a casa cabizbajo tras haber tenido que suspender el evento porque nadie acudió a la cita.

Ese es el riesgo que corremos los monos de las letras, el riesgo y el desafío. ¡Dulce apuesta! Sin embargo la monez es bella, porque desde ella reclamamos y proclamamos nuestra sublime, inquebrantable e insobornable condición de monos bellos, auténticos y creadores.

Adivinamos que la poesía y el arte se bastan a sí mismos, porque somos capaces de canalizar una monalidad bella y desnuda que desafía renglón tras renglón las modas y las bazofias literarias que demasiado a menudo campan a sus anchas en el mercado.

No por ser monos vamos a dejar de tener ojo crítico, ¡faltaría más! Además, desde nuestra anónima y camaleónica posición nos atrevemos a instigar a todos para que esta perspectiva tan mona sea cultivada por quien quiera y como quiera, la creatividad y la visión no tienen límites. Sólo se necesitan unos modales monales.

Acaso ser un simple mono tenga algún sentido. Lo sospechamos cuando leemos lo siguiente en La Gran Cadena del Ser de Lovejoy. El fragmento corresponde al prefacio a The English Works of George Herbert de G. H. Palmer:

Las tendencias de una época aparecen más diferenciadamente en los autores de menor rango que en los genios que la dominan. Estos últimos hablan del pasado y del futuro al mismo tiempo que de la época en la que viven. Son para todos los tiempos. Pero en las almas sensibles y atentas […] los ideales del momento aparecen recogidos con claridad.

Columpiémonos pues entre las ramas literarias, aún hay mucho bosque por delante.