«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

Mostrando entradas con la etiqueta Emociones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emociones. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2008

Abrazos esotéricos

Tengo una buena amiga que cada vez que me ve me acusa de huir de los besos y de los abrazos. Tengo que reconocer que nunca fui demasiado besucón. Tal vez todo sea cuestión de educación y consecuencia del clima familiar en el que me tocó vivir.

Lo cierto es que en un abrazo pueden florecer y reconocerse algunos sentimientos y emociones que suelen permanecer en la sombra habitualmente, como por ejemplo el sentimiento de cariño, de amor, la sensación de compartir un espíritu común, el sentimiento de que en cierto sentido todos estamos en el mismo barco o de que compartimos inquietudes comunes. Desde luego un abrazo es una gran oportunidad para que los corazones puedan reconocerse en un único y amoroso latido, lo cual es sumamente sano y recomendable.

Pero no debemos pasar por alto que este abrazo corporal es sin duda el abrazo más fácil de realizar, un ejercicio saludable al alcance de todo el mundo. A menudo, y en algunos círculos espirituales, se asocia una gran profusión de abrazos a un mayor contacto con la dimensión espiritual de la vida. No dudo de que esto sea así, sin embargo los problemas siempre suelen surgir cuando tratamos de pasar del abrazo físico-corporal al abrazo en el diálogo, en la comunicación libre, en el intercambio de puntos de vista, en el entendimiento mutuo y en la crítica constructiva, dimensiones todas ellas que en muchos sentidos son soslayadas sobre todo por los habituales círculos místico-esotéricos de la Nueva Era; dimensiones que por otra parte traté de poner sobre la mesa en las tertulias semanales realizadas entre Octubre de 2006 y Junio de 2007.

Desde luego el Espíritu puede despertarse en el cuerpo a cuerpo de un abrazo fraternal pero desde mi punto de vista necesita ser cultivado en el diálogo creativo de una comunicación respetuosa, madura y espiritualmente informada para después ser consolidado en otras dimensiones posiblemente transverbales y transdialóguicas.

Es evidente que el primer destello del Espíritu puede captarse en todos esos recomendables abrazos pero si queremos que realmente pueda florecer en nosotros y entre nosotros debemos tener en cuenta que su luz sólo se hará más clara cuando incorporemos o descubramos en nosotros y entre nosotros no sólo la riqueza de nuestros cuerpos sino también la de nuestras mentes, la de nuestras almas y la de nuestros espíritus.

Mi intención siempre fue reivindicar que el diálogo constructivo, el estudio teórico de la espiritualidad y la intelectualidad nunca estuvieron reñidas con el despertar espiritual, antes al contrario. De hecho mi idea siempre fue y sigue siendo tratar de tender un puente entre la popular espiritualidad de la Nueva Era y el intelectualismo académico (dos ámbitos que he tenido la oportunidad de conocer). Creo que el espíritu de una verdadera Nueva Era sólo podrá manifestarse si abogamos por una reconciliación afectuosa con las múltiples formas de pensamiento y con todos los sistemas de conocimiento que estructuran nuestra sociedad y nuestra cultura actual e integramos en nuestra experiencia espiritual lo mejor de todos ellos.

martes, 1 de abril de 2008

La simbología del corazón

Cuando hablamos del corazón simbólicamente podemos hacerlo al menos de dos formas. Veamos.

A menudo nos referimos al corazón como al centro del Ser. Podríamos decir que ese centro es el centro del Yo, el centro en el cual confluye nuestra parte humana y nuestra parte divina, cósmica o como queramos llamarla, ciertamente el centro de intersección donde consideramos que la divinidad se manifiesta y a través del cual adquirimos nuestra genuina humanidad, algo por cierto sumamente recomendable.

Según la tradición hindú podríamos decir que ese centro es el asiento del Sí Mismo o de Atman, el asiento de la divinidad en nuestra individualidad, o el asiento de lo que otros han denominado Yo Superior. Observemos que cuando hablamos de nosotros mismos y nos señalamos apuntamos hacia el centro del corazón, no hacia el sexo o la cabeza.

Por otra parte desde la visión del hatha yoga del sistema de chakras el corazón (y el timo) se corresponde con el cuarto chakra. Como muchos autores han demostrado los chakras se corresponden con los diferentes niveles de conciencia que el yo va recorriendo en su desarrollo, desde la materia hasta la divinidad. Pues bien, según este espectro el cuarto chakra se correspondería con la mente primaria, es decir, emociones, sentimientos, etc., elementos que por otra parte son gestionados por el sistema límbico cerebral, el segundo de los cerebros.

Se advierte así una correspondencia entre el espectro de chakras y la evolución cerebral (tronco cerebral-sistema límbico-neocórtex). Evidentemente desde este punto de vista las funciones superiores del cerebro (neocórtex) se relacionan con los chakras superiores (mente verbal, mente intuitiva, etc.). Por tanto contrariamente a lo que pueda pensarse el corazón no expresa verdades o realidades superiores a las del cerebro, sino que es justo al revés.

Lo que creo que ocurre es que simplemente confundimos ambas simbologías cuando nos referimos a “hablar con la cabeza “ o a “hablar con el corazón”. Generalmente se le da más valor a hablar desde el corazón (en particular en determinados círculos esotéricos y espirituales), pero en este caso nos estamos refiriendo a hablar desde el corazón como centro del Ser, como centro de la divinidad. Tengamos en cuenta que desde el otro punto de vista la mente superior supera con creces a la mente inferior de las emociones y los sentimientos.

Lo curioso del caso es que para que la divinidad se asiente verdaderamente en el centro el Ser y podamos realmente hablar desde el corazón (como centro del Ser) es muy posible que sea necesario que el yo ascienda por toda la escalera de chakras hasta percibir directamente la divinidad que se halla más allá de la cabeza, lo cual puede contribuir aún más a confundirnos si no hablamos con la suficiente propiedad cuando nos introducimos en estos dominios.

Así que cuidadito cuando hablamos de corazón y de cabeza.

jueves, 14 de febrero de 2008

Emociones, sentimientos y pensamientos

Respecto a lo mental y lo emocional, ¿qué nos acerca o nos aleja más del Espíritu? Ese es el asunto.

Hay personas que me achacan ser demasiado mental y creen que me vendría bien entregarme a alguna terapia y/o práctica de abrazos, expresión de sentimientos, etc. El caso es que no lo dudo. Sin embargo creo que cuanto más mental es uno (de lo cual me alegro) más posibilidades tiene también de abrirse a una gama más amplia y más profunda de sentimientos. Creo que el hecho de que uno vaya por ahí abrazando todo el día a todo el mundo no es un síntoma de estar más cerca del Espíritu, que es a fin de cuentas de lo que se trata (al menos como yo lo entiendo). Desgraciadamente creo que el asunto se malinterpreta, porque en muchas ocasiones esa desbordante expresión de sentimientos lo único que hace es tapar viejos dolores, lo cual nos aleja inevitablemente del alma.

Sea como fuere creo que de lo que se trata es de entender la profundidad.

Normalmente en casi todos los círculos Nueva Era se nos quiere dar a entender que la racionalidad y el intelecto son los enemigos a combatir y que son ellos los que nos alejan del Espíritu o del Corazón. Sin embargo yo pienso que es justo al revés, que los pensamientos (la mente) son más profundos que las emociones y los sentimientos, y que la razón es justo el trampolín que nos catapulta hacia estadios superiores de conciencia.

No necesitamos más emotividad y menos intelectualidad, sino más profundidad y menos superficialidad.

Sin duda pensar que lo mental es un impedimento para llegar al alma me parece sinceramente un punto de vista bastante estrecho y bastante superficial. Quiero entender que la verdadera profundidad espiritual hay que encontrarla abriéndonos a la experiencia, por supuesto de las emociones y de los sentimientos, pero también de los pensamientos, y de lo que haya más allá de los tres.