«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

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viernes, 18 de abril de 2008

La Gran Cadena del Ser

Decididamente me declaro, entre otras cosas, perennialista. Y qué es eso, os preguntaréis. Pues simplemente alguien que abraza la visión del mundo propuesta por la llamada Filosofía Perenne o Tradición Perenne.

Lo de la Tradición Perenne es una vieja idea rescatada, parece ser, por Leibniz. Una de las ideas centrales de esta visión es que concibe al mundo, a la realidad y al ser humano como compuestos multidimensionales, es decir, la idea de que la realidad está estratificada en una serie de niveles o en una serie de esferas concéntricas dispuestas jerárquicamente. Esta jerarquía es lo que se ha dado en llamar la Gran Cadena del Ser (GCS).

Veamos algunos ejemplos sencillos de la GCS. Para empezar desde el punto de vista de la ciencia tenemos la sucesión: átomos, moléculas, células, órganos, organismos, etc. (cada nivel incluye y trasciende al anterior). Desde la neurofisiología tenemos: tronco cerebral, sistema límbico, neocórtex.

Pero la cosa no se queda ahí. Según muchas tradiciones de sabiduría el ser humano es un compuesto de: materia, cuerpo, mente, alma y espíritu, lo que traducido a un nivel mucho mayor se convierte en: fisiosfera, biosfera, noosfera y teosfera.

Tenemos una versión perfecta de la GCS en los siete chakras del yoga: alimento, sexo, pertenencia-poder, emoción, mente verbal, intuición, trascendencia; algo que se corresponde con los tres cuerpos del Vedanta: físico, sutil y causal; con los tres cuerpos del Buda, la doctrina del Trikaya, y con los tres mundos de la Ciencia Védica: tierra, atmósfera y cielo.

Pero no necesitamos ponernos excesivamente místicos para encontrarnos otras versiones de la GCS en otros ámbitos más cercanos. Tenemos un claro ejemplo en la famosa jerarquía de necesidades de Maslow: comida, protección, pertenencia, autoestima, autorrealización y trascendencia; en la evolución del desarrollo moral de Kohlberg o en los estadios del desarrollo de Piaget.

En fin, parece que miremos donde miremos nos tropezamos siempre con alguna jerarquía, u holoarquía como algunos han sugerido. Pero esa es otra cuestión. En cualquier caso tener en cuenta siempre la GCS puede ser fundamental para comprender la naturaleza de la realidad, ¿no os parece?

martes, 1 de abril de 2008

La simbología del corazón

Cuando hablamos del corazón simbólicamente podemos hacerlo al menos de dos formas. Veamos.

A menudo nos referimos al corazón como al centro del Ser. Podríamos decir que ese centro es el centro del Yo, el centro en el cual confluye nuestra parte humana y nuestra parte divina, cósmica o como queramos llamarla, ciertamente el centro de intersección donde consideramos que la divinidad se manifiesta y a través del cual adquirimos nuestra genuina humanidad, algo por cierto sumamente recomendable.

Según la tradición hindú podríamos decir que ese centro es el asiento del Sí Mismo o de Atman, el asiento de la divinidad en nuestra individualidad, o el asiento de lo que otros han denominado Yo Superior. Observemos que cuando hablamos de nosotros mismos y nos señalamos apuntamos hacia el centro del corazón, no hacia el sexo o la cabeza.

Por otra parte desde la visión del hatha yoga del sistema de chakras el corazón (y el timo) se corresponde con el cuarto chakra. Como muchos autores han demostrado los chakras se corresponden con los diferentes niveles de conciencia que el yo va recorriendo en su desarrollo, desde la materia hasta la divinidad. Pues bien, según este espectro el cuarto chakra se correspondería con la mente primaria, es decir, emociones, sentimientos, etc., elementos que por otra parte son gestionados por el sistema límbico cerebral, el segundo de los cerebros.

Se advierte así una correspondencia entre el espectro de chakras y la evolución cerebral (tronco cerebral-sistema límbico-neocórtex). Evidentemente desde este punto de vista las funciones superiores del cerebro (neocórtex) se relacionan con los chakras superiores (mente verbal, mente intuitiva, etc.). Por tanto contrariamente a lo que pueda pensarse el corazón no expresa verdades o realidades superiores a las del cerebro, sino que es justo al revés.

Lo que creo que ocurre es que simplemente confundimos ambas simbologías cuando nos referimos a “hablar con la cabeza “ o a “hablar con el corazón”. Generalmente se le da más valor a hablar desde el corazón (en particular en determinados círculos esotéricos y espirituales), pero en este caso nos estamos refiriendo a hablar desde el corazón como centro del Ser, como centro de la divinidad. Tengamos en cuenta que desde el otro punto de vista la mente superior supera con creces a la mente inferior de las emociones y los sentimientos.

Lo curioso del caso es que para que la divinidad se asiente verdaderamente en el centro el Ser y podamos realmente hablar desde el corazón (como centro del Ser) es muy posible que sea necesario que el yo ascienda por toda la escalera de chakras hasta percibir directamente la divinidad que se halla más allá de la cabeza, lo cual puede contribuir aún más a confundirnos si no hablamos con la suficiente propiedad cuando nos introducimos en estos dominios.

Así que cuidadito cuando hablamos de corazón y de cabeza.