«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

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lunes, 8 de septiembre de 2014

El descubrimiento del cuerpo

Hay cosas que nos vienen dadas. Nadie elige tener un cuerpo, una mente, un alma o un espíritu. Simplemente es así, eso es lo que sucede cuando venimos al mundo. Traemos con nosotros esas estructuras, que son las que conforman nuestras dimensiones básicas, y las vamos descubriendo a medida que crecemos y maduramos. Otra cosa muy distinta es lo que decidimos hacer con nuestro cuerpo, con nuestra mente o con nuestra alma.

Porque hay distintos modos de mirar el cuerpo, de contemplarlo, de entenderlo. Evidentemente todo el mundo sabe que tiene un cuerpo: caminamos con él, hacemos deporte con él, nos movemos con él, el asiento de nuestra consciencia parece estar en él. Sin embargo, existe la posibilidad de re-descubrirlo de un modo diferente.

Tal vez la práctica del hatha yoga sea una de las formas más revolucionarias de entender el cuerpo, porque cuando uno comienza a practicar percibe de pronto que el cuerpo deja de ser un agregado de partes inconexas para convertirse en un todo integrado que late al unísono debajo de nuestra piel. Nos hacemos mucho más conscientes de él, advertimos detalles de nuestra morfología que hasta entonces nos pasaban desapercibidos, nos sentimos más cerca de nuestros músculos, de nuestra sangre y de nuestros huesos.

Pero para descubrir el cuerpo de esta forma es necesario que haya una consciencia que lo perciba, ha de haber un yo consciente que experimente y que registre ese hecho. Somos testigos de ese despertar. La consciencia es informada por el cuerpo y a su vez la propia consciencia ilumina toda esa nueva realidad corporal recién descubierta.
 

Así pues, podríamos deducir que participamos de un doble movimiento: partimos de nuestro cuerpo para la práctica, es con lo que contamos desde la base, lo que primero tenemos a mano, nuestra herramienta de trabajo; después, basta con que la consciencia testifique ese hecho para que ella misma se transforme e ilumine la propia práctica. Son dos procesos que se retroalimentan, dos movimientos en uno solo, dos acciones inseparables que desembocan en la consecución de lo que podríamos llamar un cuerpo-mente integrado.

Es una forma de entender el yoga. El desafío consiste en poder trabajar con todas nuestras dimensiones básicas: cuerpo, mente, alma y espíritu sin reducir unas a otras, para terminar por fin integrándolas. Ésa quizá sea la clave que nos permita contemplarnos desde una perspectiva más amplia. Y ésa es la vía del yoga: una vía hacia lo ancho, hacia la apertura y hacia la iluminación.

jueves, 7 de enero de 2010

Toneladas de práctica, gramos de teoría

Esa sigue siendo la tónica dominante en este comienzo de año. Porque en el contexto del hatha yoga casi todo es práctica: “Vale más un gramo de práctica que toneladas de teoría”. Se ha popularizado tanto esta máxima de Sivananda que creo que verdaderamente a muy poca gente (incluidos la mayor parte de los profesores de yoga que conozco) le interesa la filosofía del hatha yoga o el hinduismo.

Pero eso sólo es una opinión de uno de los hatha yoguis más importantes de los últimos tiempos, algo con lo que estaría en completo desacuerdo Sankara, quien por muchos es considerado el filósofo y sabio más importante de la historia de la tradición hindú.

Por supuesto que es importante la práctica, pero en mi opinión al tirar por la borda la teoría también tiramos, en una lamentable confusión, algunas cosas sumamente valiosas, cosas como el pensamiento lúcido y creativo, la racionalidad visionaria o una actitud crítica ante todas las modas antiintelectuales que se nos venden como si fueran lo mejor. Así pues, la sivanandina falta de validez de la teoría se entiende en muchos casos como una aversión a pensar y como la necesidad de deshacerse de una manera o de otra de ese "sucio intelecto" que nos impide paladear el sabor de los mundos verdaderamente espirituales.

Lamentablemente todo ello no suele traducirse en otra cosa que en no saber pensar. Paradojas de la vida, porque a mi juicio esas palabras de quien fuera uno de los abanderados y difusores del hatha yoga en Occidente han contribuido más que ninguna otra cosa a sembrar la arena yóguica de muchas prácticas superficiales y de un recelo y un vacío de diálogo continuo, contribuyendo de ese modo a deslegitimar la sabiduría de una tradición de milenios.

¿Será que a mayor amplitud (más practicantes y más estilos yóguicos) la profundidad (más sabios) disminuye? Me inclino a pensar que la respuesta a esta pregunta es afirmativa.

viernes, 24 de julio de 2009

Mapas del Espíritu

Hace unos cinco años inicié la preparación de una serie de seminarios de carácter teórico que tenían como objetivo, entre otras cosas, profundizar en las raíces del hatha yoga y por añadidura en la vasta tradición hindú.

La intención era que dichos seminarios pudieran complementar el trabajo psicofísico de mis propios alumnos, y que sirvieran de toma de contacto con el mundo de la espiritualidad (sobre todo de la espiritualidad hindú) para todos aquellos que se deciden por un camino de ese tipo sin la necesidad de iniciar la práctica del hatha yoga. El seminario, desde esta última posibilidad, podría entenderse y enmarcarse dentro de la tradición del Gñana yoga, el yoga del conocimiento tal como habitualmente se entiende ese término.

Pero en el seminario no se trataban únicamente aspectos del hinduismo o del yoga sino que también planteaba abiertamente la relación de determinados conceptos e ideas surgidas en su seno con elementos de la tradición occidental y con las ideas de algunos pensadores orientales y occidentales.

Así mismo se exploraban ciertos aspectos de la ciencia moderna que pudieran tener alguna relevancia en el entendimiento y en la comprensión de todas esas ideas espirituales y religiosas. La idea no era otra que dotar a nuestra visión de unas gafas multiperspectivales desde las cuales abordar todos esos asuntos.

Finalmente, y a lo largo de dos años, realizamos cuatro seminarios de ese tipo con el título Mapas del Espíritu, y lo cierto es que el número de alumnos fue realmente pequeño. Seguramente fue así porque paradójicamente a la mayor parte de las personas que practican hatha yoga únicamente les interesa la mera práctica física, algo que por otra parte está francamente bien.

Desde luego este seminario prometía un verdadero camino de transformación. Pues bien, lo cierto es que me estoy planteando retomar de nuevo todo el asunto en forma de taller permanente. La novedad sería que no se trataría ya únicamente de un taller teórico sino que introduciríamos algunos elementos prácticos (ya sabéis, un poco de hatha yoga, algo de meditación, algo de teoría, una pizca de escucha y de reflexión consciente, ¡algún tipo de terapia!); en fin, algo verdaderamente integral, que parece que es lo que está de moda.

Así pues, el asunto promete de verdad. No puedo dejar de recomendaros que permanezcáis atentos a vuestras pantallas hasta el día del estreno para saber algo más de todo ello. Esperemos que nuestro reencuentro con el Espíritu y nuestras estelares, casi cósmicas, propuestas también estén llenas de un suave y místico glamour.

jueves, 9 de julio de 2009

Hatha Yoga y Psicología Positiva

Hay un asunto que me llama la atención esta mañana. No es otro que las supuestas bondades y beneficios de la práctica del yoga, algo que todo el mundo reconoce y que muchas personas han experimentado alguna vez. De hecho poner de manifiesto todas esas cosas es una de las estrategias que muchos centros de yoga y casi todos los profesores utilizamos.

El caso es que a veces ese tema me recuerda a todo el asunto del pensamiento positivo y al famoso “me amo, me acepto y me apruebo” de Louise Hay. De hecho uno puede tener la sensación de que practicando hatha yoga o alguna disciplina similar todas las maravillas del universo van a llegar de repente a su vida.

No niego que a primera vista eso sea así, porque efectivamente todo lo que se experimenta cuando uno se inicia en la práctica y cuando persevera en ella son beneficios y buenas sensaciones, algo realmente magnífico y digno de mención. Yo mismo estuve flotando en una nube durante los primeros meses de práctica.

Sin embargo, cuando uno lo que realmente desea es profundizar no sólo en el hatha yoga per se sino en todo lo que lo rodea (entiéndase meditación, filosofía, espiritualidad, tradición hindú, etc.); en otras palabras, cuando uno no se conforma sólo con la mera práctica psicofísica sino que además quiere profundizar en la dimensión del Espíritu y llegar a probar el sabor de eso que llamamos realización o iluminación, puede encontrarse con sorpresas no del todo agradables.

Porque lo que parece que ocurre es que cuanto más nos acercamos al Espíritu más patente se hace también nuestra Sombra (entiéndase por sombra nuestros conflictos no resueltos, aspectos reprimidos inconscientes y cosas por el estilo), cuanto más conscientes nos hacemos de nuestra dimensión espiritual más acuciante se hace la necesidad de integrar todos nuestros aspectos sombríos y dolorosos (algo que por cierto se puede experimentar como una presión psicológica realmente muy fuerte mientras nos da la sensación de no avanzar en absoluto, ni hacia el Espíritu ni hacia la Sombra).

Y es muy posible que esto sea así porque precisamente la misma puerta que conduce al Espíritu es la que permite la entrada a nuestras partes oscuras. En todo caso, aunque admitamos que son dos puertas diferentes, lo que sí parece cierto es que el mecanismo de la represión se debilita, lo cual quiere decir que al mismo tiempo que nos abrimos al Espíritu también nos abrimos a la Sombra, algo que muy bien podría ser inevitable ya que en este caso de lo que se trataría es de la operatividad del mecanismo de apertura y cierre de todas esas puertas psíquicas.

La pregunta que nos podemos hacer es: ¿nos podemos acercar al Espíritu manteniendo cerrada la puerta de la Sombra, o la participación de ésta es una condición sine qua non para nuestro desarrollo? En otras palabras, y como mucha gente se ha preguntado, ¿es posible el desarrollo espiritual sin sufrimiento? Ese es el asunto en esta dulce mañana veraniega.

sábado, 28 de febrero de 2009

Siete años de yoga en Vitigudino

La próxima semana cumpliremos siete años de yoga en Vitigudino. Lo cierto es que lo que comenzó siendo un pequeño experimento ha terminado consolidándose como mi principal ocupación profesional. Y lo que en principio comenzó siendo una actividad al alcance de unas pocas personas ha logrado difundirse por toda la comarca para introducirse con éxito en otras localidades cercanas.

Pero a decir verdad mi andadura yóguica comenzó mucho antes. Si no recuerdo mal pude impartir mi primera clase allá por el mes de Octubre de 1992, hace ya más de dieciséis años. Y ese es un largo trayecto, qué duda cabe, tan sólo interrumpido por un periodo de dos o tres años en el que me dediqué a otro tipo de actividades.

Desde luego han sido muchas las anécdotas vividas a lo largo de todos estos años en tantos y tantos lugares, anécdotas que por cierto constituyen el fundamento y la trama de lo que va a ser (y que ya es) la nueva historia que acabo de escribir y que me ha llevado más o menos una año de minucioso trabajo. Se trata de un libro de yoga de unas doscientas cincuenta páginas.

Se trata, efectivamente, de un libro de yoga, pero no uno más de los típicos manuales de hatha yoga que uno puede encontrarse en cualquier librería, sino de una historia contada en primera persona que ofrece una visión de la tradición yóguica y de la práctica desde dentro, tal y como puede ser vivida por cualquiera que se inicie en ese camino, no de una mera descripción impersonal de las asanas, de sus prescripciones o de sus beneficios.

Desde luego éste es un proyecto bastante ambicioso. Y tanto fue así que hace unos meses pensé en la posibilidad de realizar un “trabajo de campo” que pudiera consistir en entrevistarme con algunos de los máximos exponentes de la tradición del yoga en nuestro país, algo que estaría francamente bien. Ese fue el motivo por el que me decidí a escribir a Ramiro Calle con la intención de entrevistarme con él. Sin embargo, lamentablemente, tras casi tres meses de paciente espera no he recibido respuesta alguna.

Eso me ha llevado a abandonar esa idea de las entrevistas y a pensar que tal vez no sea tan importante. De hecho el libro está terminado. Y mucho me temo, por el tono y la temática de la narración y de los diálogos de que consta, y por algunas de sus sugerencias, que tal vez no sea muy bien acogido por determinados círculos yóguicos. Al menos no espero de ellos el visto bueno para que este trabajo pueda salir a la luz.

lunes, 2 de junio de 2008

¿Fin del yoga ambulante?

Mucho me temo que como no cambien las cosas de forma notable mis días como profesor de yoga están contados. Decididamente dedicarse a esta profesión en estos tiempos que corren parece ser harto difícil.

Difícilmente llegamos a los mil euros mensuales, un sueldo claramente indigno, por supuesto sin ningún tipo de pagas extras y con la dificultad añadida de tener que cotizar como trabajadores autónomos.

Porque desde mi punto de vista un profesor de yoga debería cobrar por lo menos lo mismo que cualquier otro profesor de la enseñanza institucionalizada, ya sea de matemáticas, de física o de literatura. Y esto por la sencilla razón de que lo que enseñamos es tan valioso o más que lo que todas esas disciplinas pueden ofrecer, como ya he sugerido en otra entrada.

El problema es que el yoga no forma parte de los programas de la enseñanza institucionalizada y tiene que venderse como poco más que una mera gimnasia que el “monitor” de turno ofrece en sus ratos libres y a cambio de unos pocos euros. Esta parece ser la perspectiva de la mayor parte de los círculos sociales y oficiales del mundo occidental. Así pues, la alternativa a todo esto ha sido y sigue siendo crear escuelas independientes a través de las cuales el yoga pueda florecer, como ciertamente lo ha hecho.

A mi juicio estas enseñanzas no son lo suficientemente reconocidas ni están lo suficientemente remuneradas en el ámbito oficial precisamente porque su estatus se ve miserablemente rebajado al de una burda gimnasia de barrio habiendo sido despojada de toda la tradición de milenios que la legitima, una tradición, por cierto, genuinamente espiritual.

Pero como en esta bendita península y, más en concreto, en esta “culta ciudad” todo lo que suena a espiritual y no se ajusta a los cánones preestablecidos da “yuyu” parece imposible que ese reconocimiento pueda tener lugar, lo cual fomentará que el yoga no se distinga excesivamente, como ya he sugerido en otro lugar, del yoguilates, de la bachata o de los bailes charros.

La subida del gasoleo tampoco ayuda a que podamos seguir recorriendo los confines de la provincia en nuestra cruzada yóguica. A pesar de todo, ahora y en el futuro, nuestra responsabilidad como profesores de yoga integralmente informados consistirá precisamente en eso, en algo tan simple como ofrecer una formación de calidad adereza tal vez con pequeñas perlas de sabiduría. En ese caso el Espíritu hablará siempre por nosotros y tal vez reconozcamos que nuestra aventura habrá valido la pena.

miércoles, 7 de mayo de 2008

El valor del Hatha Yoga: Cuerpo-Mente-Testigo

Esa es la trilogía con la que trabajamos en Hatha Yoga, porque uno de los aspectos fundamentales de la práctica es sin duda la integración cuerpo-mente. De hecho el Hatha Yoga es de las pocas disciplinas que nos brinda la posibilidad de reconocer e integrar esas dos estructuras. Y eso es precisamente lo que le da un valor añadido sobre muchas otras materias.

El Hatha Yoga nos permite realizar una primera aproximación de calidad a la totalidad del ser humano, entendido este como un compuesto de cuerpo, mente, alma y espíritu (una versión de la Gran Cadena del Ser ya mencionada en otra entrada). Esa integración consciente de cuerpo y mente está guiada por lo que podemos llamar el Testigo o el Observador, esa instancia o aspecto de uno mismo que hace precisamente eso, observar o ser testigo consciente de todo cuanto sucede en la práctica.

Por tanto el Hatha Yoga desde este punto de vista no es más que un abordaje verdaderamente integral a la realidad del ser humano, tengamos en cuenta que si hablamos de Hatha Yoga en sentido amplio tenemos que hablar de alimentación, de ejercicio físico, de meditación y de algo que en muchos casos ni siquiera se menciona y que no es más que el estudio de la filosofía y de la tradición. Con esas cuatro cosas abarcamos por tanto la GCS citada más arriba.

Esto bastaría para que la enseñanza de esta ciencia milenaria ocupara el lugar que se merece. Sinceramente creo que los argumentos anteriores son suficientes para demostrar el plus transformativo adicional que puede ofrecernos frente a otras cosas como la gimnasia, las matemáticas, la física, la psicología u otras disciplinas de semejante reputación.

Por supuesto todas esas disciplinas me parecen enormemente valiosas pero lo que quiero decir es que ninguna de ellas tiene un valor transformativo tan importante como el Hatha Yoga en el sentido de transformación de la conciencia. El Hatha Yoga integra diferentes aspectos de la conciencia posibilitando una transformación vertical de la misma mientras que muchas de esas disciplinas tan sólo trabajan y desarrollan diferentes aspectos de la conciencia en un sentido horizontal soslayando por completo los aspectos transformativos.

Y si hablamos del Testigo desde luego mucho me temo que todas esas disciplinas no tienen nada que decir. El peligro consiste en que habitualmente el Hatha Yoga se vende al lado de otras cosas que suenan más o menos parecido, como por ejemplo el Pilates, la Gimnasia, etc., o no tan parecido. Pero lo cierto es que su esencia y su fundamento sobrepasa con mucho las superficialidades y la horizontalidad de todas ellas.

Mi intención no es más que, desde estas líneas, devolver a la tradición del Hatha Yoga su verdadero nombre y sus verdaderas credenciales: el poder, la fuerza, la voluntad, el corazón, la visión, la sabiduría y la trascendencia que siempre fueron el tesoro genuino de los auténticos yoguis.

martes, 1 de abril de 2008

La simbología del corazón

Cuando hablamos del corazón simbólicamente podemos hacerlo al menos de dos formas. Veamos.

A menudo nos referimos al corazón como al centro del Ser. Podríamos decir que ese centro es el centro del Yo, el centro en el cual confluye nuestra parte humana y nuestra parte divina, cósmica o como queramos llamarla, ciertamente el centro de intersección donde consideramos que la divinidad se manifiesta y a través del cual adquirimos nuestra genuina humanidad, algo por cierto sumamente recomendable.

Según la tradición hindú podríamos decir que ese centro es el asiento del Sí Mismo o de Atman, el asiento de la divinidad en nuestra individualidad, o el asiento de lo que otros han denominado Yo Superior. Observemos que cuando hablamos de nosotros mismos y nos señalamos apuntamos hacia el centro del corazón, no hacia el sexo o la cabeza.

Por otra parte desde la visión del hatha yoga del sistema de chakras el corazón (y el timo) se corresponde con el cuarto chakra. Como muchos autores han demostrado los chakras se corresponden con los diferentes niveles de conciencia que el yo va recorriendo en su desarrollo, desde la materia hasta la divinidad. Pues bien, según este espectro el cuarto chakra se correspondería con la mente primaria, es decir, emociones, sentimientos, etc., elementos que por otra parte son gestionados por el sistema límbico cerebral, el segundo de los cerebros.

Se advierte así una correspondencia entre el espectro de chakras y la evolución cerebral (tronco cerebral-sistema límbico-neocórtex). Evidentemente desde este punto de vista las funciones superiores del cerebro (neocórtex) se relacionan con los chakras superiores (mente verbal, mente intuitiva, etc.). Por tanto contrariamente a lo que pueda pensarse el corazón no expresa verdades o realidades superiores a las del cerebro, sino que es justo al revés.

Lo que creo que ocurre es que simplemente confundimos ambas simbologías cuando nos referimos a “hablar con la cabeza “ o a “hablar con el corazón”. Generalmente se le da más valor a hablar desde el corazón (en particular en determinados círculos esotéricos y espirituales), pero en este caso nos estamos refiriendo a hablar desde el corazón como centro del Ser, como centro de la divinidad. Tengamos en cuenta que desde el otro punto de vista la mente superior supera con creces a la mente inferior de las emociones y los sentimientos.

Lo curioso del caso es que para que la divinidad se asiente verdaderamente en el centro el Ser y podamos realmente hablar desde el corazón (como centro del Ser) es muy posible que sea necesario que el yo ascienda por toda la escalera de chakras hasta percibir directamente la divinidad que se halla más allá de la cabeza, lo cual puede contribuir aún más a confundirnos si no hablamos con la suficiente propiedad cuando nos introducimos en estos dominios.

Así que cuidadito cuando hablamos de corazón y de cabeza.

jueves, 20 de marzo de 2008

Yoguilates

Parece que el Yoguilates está de moda. Sin embargo hay algo que todos sus practicantes deberían saber. Según se cuenta el Yoguilates nace como una forma de fusión del Yoga y del Pilates y como una forma de combinar los beneficios físicos del Pilates con el equilibrio psicofísico del Yoga.

Pero observemos una cosa. El Pilates trabaja fundamentalmente sobre el cuerpo (por supuesto no hay ninguna tradición espiritual ni psicológica detrás de ello) y el Hatha Yoga trabaja sobre una dimensión psicofísica, digamos que sobre el cuerpo-mente global (y esta sí es una tradición de muchos siglos de antigüedad).

Que el Yoga sea un elemento que integra la dimensión corporal y la mental quiere decir que trabaja y fusiona esos dos dominios. Por tanto pretender inventar una fusión de ambos, como parece que pretende el Yoguilates, es algo que ya se ha hecho hace mucho tiempo, y esa fusión se llama Hatha Yoga. Como mucho podríamos decir que el Yoguilates es un estilo más de Hatha Yoga.

Por otra parte, como dije antes, el Yoga es una tradición espiritual. De hecho el Hatha Yoga nos proporciona la posibilidad de ingresar en dominios genuinamente espirituales, digamos que la integración cuerpo-mente es el requisito necesario para poder introducirnos de lleno en esos dominios, y este es un factor que el Pilates por sí solo o el Yoguilates no parecen considerar.

Soy consciente de que es muy posible que a los practicantes de Pilates o de Yoguilates (incluso de Hatha Yoga) les suene a chino hablarles de ingresar en dominios genuinamente espirituales. Sin embargo ese es precisamente uno de los objetivos del Hatha Yoga (de hecho el objetivo supremo).

En fin, se nos presenta como novedad algo que evidentemente no lo es. No puedo calificarlo como otra cosa que como una fusión altamente descafeinada, una fusión sin tradición, sin espiritualidad y con muy pocas aspiraciones hacia la verdadera trascendencia. Puestos a hacer fusiones no estaría de más probar con el Yoguichilates, el Chikunglates, o simplemente tratar de fusionar el yoga con los bailes charros, o el levantamiento de pesas con las matemáticas. Tal vez en un futuro también haya mercado para todas estas cosas.

martes, 4 de marzo de 2008

Del físico al místico, y más allá

En muchas ocasiones cuando me preguntan a qué me dedico no sé muy bien qué contestar. El caso es que he estudiado física pero no me identifico con los físicos ni con nada de lo que hacen. Prefiero pensar y sacar conclusiones sobre lo que hacen los físicos. Les dejo el trabajo “duro” a ellos.

También he estudiado yoga y la tradición hindú, y lo sigo haciendo, pero en cierta forma tampoco me identifico plenamente con los yoguis, con ciertos hatha yoguis supuestamente bien formados.

No me identifico con unos ni con otros por una razón muy sencilla. No creo que la física sea la más importante de las ciencias como muchos físicos (y catedráticos) pretenden y creen, aunque no lo digan explícitamente, ni tampoco creo que el hatha yoga sea la panacea de la salud como muchos yoguis sugieren.

Según ellos la fórmula es muy simple:
Estudia Física y conocerás la realidad.
Practica yoga y estarás sano.

Afortunada o desgraciadamente la vida es algo mucho más rico y más complejo que esas simples fórmulas que nos proponen, fórmulas que como casi todo hoy día les son útiles a todos los que comercian con el conocimiento por un lado y con la salud por el otro.

Yo simplemente abogo por tener una vista panorámica de las cosas, así que puedo decir que me dedico a algo así como a ver las cosas en perspectiva con lo cual evito posibles identificaciones con unos y con otros. Por definición huyo de cualquier tipo de clasificación y encasillamiento, aunque no dudo que en determinados momentos eso es útil para enfrentarnos al mundo, y sobre todo para tener la nevera llena a fin de mes.

Digamos que mi aspiración es tratar de llegar a una nueva forma de ser y estar en el mundo, una forma que se asiente en lo que haya de verdad en esas visiones particulares con sus respectivas fórmulas (no las niego), pero poniendo los ojos y el hacer en lo que haya más allá de todo ello. La vieja idea ya comentada (ver otra entrada) de tener los pies en el mundo pero tener el corazón, el alma y la mente en lo que esté por venir.

jueves, 7 de febrero de 2008

El yoga y sus efectos colaterales

A veces me preguntan si el yoga es una terapia. Pienso que desde algunos puntos de vista sin duda lo es, sin ir más lejos ahí están las escuelas de Ramiro Calle y Miguel Fraile, por ejemplo. Sin embargo no creo que el yoga, y en concreto el hatha yoga, fuera diseñado en sus orígenes como una terapia.

Sí que es cierto que en los textos antiguos como el Hatha Yoga Pradipika se menciona toda una serie de efectos beneficiosos asociados a la práctica y se asegura la completa curación de todas las enfermedades, pero todo eso yo lo veo simplemente como los efectos colaterales de la práctica, la consecuencia natural de la misma.

No debemos olvidar que los antiguos hatha yoguis buscaban esencialmente ciertos poderes mágicos (siddhis), entre los que se encontraba la inmortalidad, y la trascendencia o liberación (moksha). Por tanto el hatha yoga originario fue ante todo una ciencia esotérica (con no muy buena fama en la India, por cierto, hasta tiempos relativamente recientes) que perseguía la transmutación, digamos, alquímica del ser humano y de la conciencia.

Desde mi punto de vista a lo que podemos aspirar con la práctica del yoga en Occidente es, sobre todo, a lo que podemos llamar integración cuerpo-mente, es decir, tener una conciencia corporal-mental unificada, lo cual es algo más que estar meramente en el cuerpo (instintos) o únicamente en la mente (pensamientos).

Por supuesto todo esto nos puede y debe llevar a un acrecentamiento de la percepción del propio cuerpo y de la actividad mental, a un refinamiento, si queremos decirlo así, de los sentidos, a una apertura de las puertas de las intuiciones superiores y de los dominios espirituales, lo cual está francamente bien.

El asunto es que la citada integración cuerpo-mente, si es verdadera y si realmente profundizamos en ella y más allá de ella, nos puede traer sorpresas agradables y otras un tanto curiosas. Digamos que cuanto mayor es el vuelo hacia las alturas y mayor es el hambre de trascendencia mayor es la necesidad de actualizar e integrar las sombras de la mente.

Así pues, mi intención con la práctica y la enseñanza del hatha yoga se limita estrictamente a contribuir a esta integración cuerpo-mente. Dejo a los alumnos y a todos los practicantes que descubran por sí mismos sus posibles efectos terapéuticos.

martes, 15 de enero de 2008

¿Yoguis sin futuro?

Es posible que las cajeras de los supermercados no tengan demasiado futuro, aunque empiezo a dudarlo tras enterarme del caso de la cajera francesa que se está haciendo famosa con su blog. Contribuiré aún más a ello. Si no lo creéis podéis hacer clic en
http://caissierenofutur.over-blog.com

Lo que me preocupa es si esta profesión nuestra del yoga itinerante lo tendrá. Porque el asunto de llevar la tradición yóguica a los lugares más remotos de esta bendita península en medio de las inclemencias invernales y de los temporales económicos posnavideños se me antoja en algunos momentos harto complicado y agotador.

A duras penas trato de hacerme un hueco a caballo entre las asanas rurales y las urbanas en esa tierra de nadie que a veces parece ser esta profesión tan cogida por los pelos. Sin embargo en algunas ocasiones, y últimamente con una mayor frecuencia, algo me dice que pronto podremos perfilar el cuerpo de una ciencia yóguica más completa y más bella.

Sin duda algo profundo bulle debajo de estos aparentes yogas simples, debajo de estas gimnasias psicofísicas de barrio, como algunos las califican. Veremos si las asanas soportan el peso de toda esa poesía que lucha por emerger desde el fondo de los cuerpos de todos los que se inician en esta ciencia eterna.

miércoles, 9 de enero de 2008

Vegetarianos

Sin duda hay muchos motivos tanto para seguir una dieta vegetariana como para no hacerlo. En ocasiones se generan discusiones en torno a estos dos puntos de vista. Veamos cómo reconciliarlos.
Desde mi punto de vista el vegetarianismo se asocia básicamente a tres cuestiones, a la filosofía del yoga (idea de la purificación del cuerpo para acceder a estados de una mayor profundidad espiritual), a la idea de una mejora de la salud en general y al tema de la necesidad de ser respetuosos con los animales rechazando el maltrato que casi siempre sufren. Los dos primeros puntos hacen patente la necesidad de alcanzar un estado de ser que de entrada no parece que poseamos, a saber, la espiritualidad y la salud. En concreto en la tradición del yoga podemos decir que se trata de una vía de ascenso y purificación que se sustenta en una creencia del tipo: “busquemos el Espíritu allí donde esta, en lo alto, más allá de los placeres de este mundo y de los alimentos insanos”. Esta visión tiene sin duda sus raíces en las tradiciones ascéticas tempranas (condena del mundo y visión del mismo como un impedimento para alcanzar el Espíritu) y no está exenta de determinados tintes mágicos que todavía hoy perduran de alguna forma, como la idea de que determinados alimentos nos provocan determinados estados, etc. (no niego que sea cierto, pero es necesario realizar una investigación detallada del tema). Podemos ver muchas tradiciones elevacionistas de este tipo en toda la tradición hindú desde las Upanisads hasta hoy: samkhya, yoga, yoga de Patanjali, etc. En contraposición a todas estas tendencias aparecen las visiones descendentes con creencias del tipo: “el Espíritu también está en lo más bajo, exaltémoslo entonces y alcancemos la liberación a través del mundo”, como ocurre en el caso del tantrismo. En este caso estaría justificada la alimentación carnívora y el abrazo de los demás placeres “mundanos”.
Es evidente que las tradiciones ascendentes dan cuenta de un Dios trascendente y probablemente de un impulso evolutivo que sin duda nos acerca al Espíritu, y que las tradiciones descendentes dan cuenta de un Dios inmanente y con toda seguridad nos quieren dar a entender que el Espíritu siempre ha estado con nosotros.
Creo que el debate entre vegetarianos y no vegetarianos puede resolverse teniendo en cuenta ambos puntos de vista, ambos legítimos (ambos verdaderos y falsos a medias, lo cual con seguridad es consecuencia de que la plenitud y el Espíritu es al mismo tiempo trascendente e inmanente). El problema es que por lo general tanto vegetarianos como carnívoros presentan argumentos un poco pobres en la defensa de sus respectivos puntos de vista. Los vegetarianos buscan con demasiada vehemencia el reino de lo superior y de la pureza rechazando de plano la actitud contraria, presentan por tanto un descenso pobre, un abrazo pobre de la realidad (incluidos sus aspectos oscuros). Por otra parte los carnívoros tienen un abrazo demasiado efusivo y se olvidan de la sabiduría del ascenso.
Por lo tanto mi propuesta es que necesitamos un ascenso seguido de un descenso, es decir una especie de vegetarianismo comprensivo y adaptativo, un planteamiento por ejemplo del tipo: “Alimentémonos habitualmente de alimentos puros y beneficiosos porque sabemos que con ellos aumentará nuestra calidad de vida pero teniendo en cuenta que vivimos inmersos en una macroestructura social, la cual es posible que nos exija cambiar de hábitos de vez en cuando, hábitos a los que nos tendremos que adaptar sabiendo que esa sabiduría que buscamos en lo superior también puede hallarse a través de la ingesta de esos otros alimentos que a veces no nos parecen tan puros”.