«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

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lunes, 8 de septiembre de 2014

El descubrimiento del cuerpo

Hay cosas que nos vienen dadas. Nadie elige tener un cuerpo, una mente, un alma o un espíritu. Simplemente es así, eso es lo que sucede cuando venimos al mundo. Traemos con nosotros esas estructuras, que son las que conforman nuestras dimensiones básicas, y las vamos descubriendo a medida que crecemos y maduramos. Otra cosa muy distinta es lo que decidimos hacer con nuestro cuerpo, con nuestra mente o con nuestra alma.

Porque hay distintos modos de mirar el cuerpo, de contemplarlo, de entenderlo. Evidentemente todo el mundo sabe que tiene un cuerpo: caminamos con él, hacemos deporte con él, nos movemos con él, el asiento de nuestra consciencia parece estar en él. Sin embargo, existe la posibilidad de re-descubrirlo de un modo diferente.

Tal vez la práctica del hatha yoga sea una de las formas más revolucionarias de entender el cuerpo, porque cuando uno comienza a practicar percibe de pronto que el cuerpo deja de ser un agregado de partes inconexas para convertirse en un todo integrado que late al unísono debajo de nuestra piel. Nos hacemos mucho más conscientes de él, advertimos detalles de nuestra morfología que hasta entonces nos pasaban desapercibidos, nos sentimos más cerca de nuestros músculos, de nuestra sangre y de nuestros huesos.

Pero para descubrir el cuerpo de esta forma es necesario que haya una consciencia que lo perciba, ha de haber un yo consciente que experimente y que registre ese hecho. Somos testigos de ese despertar. La consciencia es informada por el cuerpo y a su vez la propia consciencia ilumina toda esa nueva realidad corporal recién descubierta.
 

Así pues, podríamos deducir que participamos de un doble movimiento: partimos de nuestro cuerpo para la práctica, es con lo que contamos desde la base, lo que primero tenemos a mano, nuestra herramienta de trabajo; después, basta con que la consciencia testifique ese hecho para que ella misma se transforme e ilumine la propia práctica. Son dos procesos que se retroalimentan, dos movimientos en uno solo, dos acciones inseparables que desembocan en la consecución de lo que podríamos llamar un cuerpo-mente integrado.

Es una forma de entender el yoga. El desafío consiste en poder trabajar con todas nuestras dimensiones básicas: cuerpo, mente, alma y espíritu sin reducir unas a otras, para terminar por fin integrándolas. Ésa quizá sea la clave que nos permita contemplarnos desde una perspectiva más amplia. Y ésa es la vía del yoga: una vía hacia lo ancho, hacia la apertura y hacia la iluminación.

sábado, 11 de abril de 2009

Medicina Cuántica

Hace unos cuantos años me hice con un curioso manual de medicina alternativa que llevaba por título: Introducción a la medicina cuántica. Manual de la terapia de Biorresonancia para la consulta médica y naturista de un tal B. Köhler, algo a primera vista prometedor, innovador y que parecía ser a todas luces lo último en este tipo de enfoques alternativos a la medicina.

Pues bien, acabo de leerlo, y tengo que decir que ha habido capítulos enteros que me resultan ilegibles, y no por la complejidad de la exposición sino por la extraña mezcla de conceptos tomados de la física cuántica, de diversas tradiciones de sabiduría, del esoterismo y de algunos otros campos.

No faltan referencias a muchos otros autores, casi todos ellos alemanes, que parece ser se dedican a la investigación de los mismos temas que plantea el autor. Rastreando, rastreando, he encontrado un par de ellos cuyas investigaciones quizá valga la pena tener en cuenta. Se trata del físico alemán B. Heim, cuya visión de la física cuántica no ha sido demasiado reconocida, y sobre todo del biofísico F. A. Popp, cuya investigación sobre biofotones y sobre los llamados biosolitones merece una consideración especial.

La conclusión a la que parece que se quiere llegar es que la conciencia y el psiquismo pueden tener un fundamento cuántico que puede ser trabajado en la terapia de Biorresonancia propuesta, una idea que, dicho sea de paso, es la misma que sostiene Pedro López Clemente para explicar los fundamentos de la enfermedad y de la curación.

Pero esta idea no es nueva. Tendríamos que remontarnos veinte años atrás para encontrar una idea similar en Danah Zohar y su “conciencia cuántica”, una idea que por cierto se ha terminado diluyendo tras no haber encontrado ni una mínima corroboración por otros investigadores ni ningún tipo de respaldo por parte de la comunidad científica, lo cual no es en absoluto sorprendente.

Desde mi punto de vista uno de los asuntos que colea detrás de todo ello no es otro que el problema de la relación mente-cuerpo y la posición de la medicina al respecto. Una cuestión que Köhler parece zanjar al hacer afirmaciones del tipo: […] todo pensamiento genera un patrón de frecuencias específico. Éste entra en resonancia con determinadas estructuras corporales, por ejemplo los órganos. En fin, la vieja idea de la mente influyendo sobre la materia.

No sé si algo parecido a esta medicina cuántica tendrá algún tipo de futuro. Lo que es evidente es que si el autor de este manual pretende dar algún tipo de credibilidad a su trabajo utilizando conceptos cuánticos y amontonando palabras tomadas de la sabiduría antigua fracasa estrepitosamente.

No, la forma de esta medicina cuántica no es Bella, detrás de su presentación resulta muy difícil encontrar los rastros de Verdad que pueda contener. Tal vez Köhler desconoce que Fondo y Forma son no dos, que ambos se reflejan mutuamente partícipes de un mismo Fundamento. Salvemos pues a Popp.

¡Benditos manuales fotocopiados! ¡Bendita sabiduría no dual!