«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

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miércoles, 7 de mayo de 2008

El valor del Hatha Yoga: Cuerpo-Mente-Testigo

Esa es la trilogía con la que trabajamos en Hatha Yoga, porque uno de los aspectos fundamentales de la práctica es sin duda la integración cuerpo-mente. De hecho el Hatha Yoga es de las pocas disciplinas que nos brinda la posibilidad de reconocer e integrar esas dos estructuras. Y eso es precisamente lo que le da un valor añadido sobre muchas otras materias.

El Hatha Yoga nos permite realizar una primera aproximación de calidad a la totalidad del ser humano, entendido este como un compuesto de cuerpo, mente, alma y espíritu (una versión de la Gran Cadena del Ser ya mencionada en otra entrada). Esa integración consciente de cuerpo y mente está guiada por lo que podemos llamar el Testigo o el Observador, esa instancia o aspecto de uno mismo que hace precisamente eso, observar o ser testigo consciente de todo cuanto sucede en la práctica.

Por tanto el Hatha Yoga desde este punto de vista no es más que un abordaje verdaderamente integral a la realidad del ser humano, tengamos en cuenta que si hablamos de Hatha Yoga en sentido amplio tenemos que hablar de alimentación, de ejercicio físico, de meditación y de algo que en muchos casos ni siquiera se menciona y que no es más que el estudio de la filosofía y de la tradición. Con esas cuatro cosas abarcamos por tanto la GCS citada más arriba.

Esto bastaría para que la enseñanza de esta ciencia milenaria ocupara el lugar que se merece. Sinceramente creo que los argumentos anteriores son suficientes para demostrar el plus transformativo adicional que puede ofrecernos frente a otras cosas como la gimnasia, las matemáticas, la física, la psicología u otras disciplinas de semejante reputación.

Por supuesto todas esas disciplinas me parecen enormemente valiosas pero lo que quiero decir es que ninguna de ellas tiene un valor transformativo tan importante como el Hatha Yoga en el sentido de transformación de la conciencia. El Hatha Yoga integra diferentes aspectos de la conciencia posibilitando una transformación vertical de la misma mientras que muchas de esas disciplinas tan sólo trabajan y desarrollan diferentes aspectos de la conciencia en un sentido horizontal soslayando por completo los aspectos transformativos.

Y si hablamos del Testigo desde luego mucho me temo que todas esas disciplinas no tienen nada que decir. El peligro consiste en que habitualmente el Hatha Yoga se vende al lado de otras cosas que suenan más o menos parecido, como por ejemplo el Pilates, la Gimnasia, etc., o no tan parecido. Pero lo cierto es que su esencia y su fundamento sobrepasa con mucho las superficialidades y la horizontalidad de todas ellas.

Mi intención no es más que, desde estas líneas, devolver a la tradición del Hatha Yoga su verdadero nombre y sus verdaderas credenciales: el poder, la fuerza, la voluntad, el corazón, la visión, la sabiduría y la trascendencia que siempre fueron el tesoro genuino de los auténticos yoguis.

viernes, 18 de abril de 2008

La Gran Cadena del Ser

Decididamente me declaro, entre otras cosas, perennialista. Y qué es eso, os preguntaréis. Pues simplemente alguien que abraza la visión del mundo propuesta por la llamada Filosofía Perenne o Tradición Perenne.

Lo de la Tradición Perenne es una vieja idea rescatada, parece ser, por Leibniz. Una de las ideas centrales de esta visión es que concibe al mundo, a la realidad y al ser humano como compuestos multidimensionales, es decir, la idea de que la realidad está estratificada en una serie de niveles o en una serie de esferas concéntricas dispuestas jerárquicamente. Esta jerarquía es lo que se ha dado en llamar la Gran Cadena del Ser (GCS).

Veamos algunos ejemplos sencillos de la GCS. Para empezar desde el punto de vista de la ciencia tenemos la sucesión: átomos, moléculas, células, órganos, organismos, etc. (cada nivel incluye y trasciende al anterior). Desde la neurofisiología tenemos: tronco cerebral, sistema límbico, neocórtex.

Pero la cosa no se queda ahí. Según muchas tradiciones de sabiduría el ser humano es un compuesto de: materia, cuerpo, mente, alma y espíritu, lo que traducido a un nivel mucho mayor se convierte en: fisiosfera, biosfera, noosfera y teosfera.

Tenemos una versión perfecta de la GCS en los siete chakras del yoga: alimento, sexo, pertenencia-poder, emoción, mente verbal, intuición, trascendencia; algo que se corresponde con los tres cuerpos del Vedanta: físico, sutil y causal; con los tres cuerpos del Buda, la doctrina del Trikaya, y con los tres mundos de la Ciencia Védica: tierra, atmósfera y cielo.

Pero no necesitamos ponernos excesivamente místicos para encontrarnos otras versiones de la GCS en otros ámbitos más cercanos. Tenemos un claro ejemplo en la famosa jerarquía de necesidades de Maslow: comida, protección, pertenencia, autoestima, autorrealización y trascendencia; en la evolución del desarrollo moral de Kohlberg o en los estadios del desarrollo de Piaget.

En fin, parece que miremos donde miremos nos tropezamos siempre con alguna jerarquía, u holoarquía como algunos han sugerido. Pero esa es otra cuestión. En cualquier caso tener en cuenta siempre la GCS puede ser fundamental para comprender la naturaleza de la realidad, ¿no os parece?