«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

jueves, 9 de julio de 2009

Hatha Yoga y Psicología Positiva

Hay un asunto que me llama la atención esta mañana. No es otro que las supuestas bondades y beneficios de la práctica del yoga, algo que todo el mundo reconoce y que muchas personas han experimentado alguna vez. De hecho poner de manifiesto todas esas cosas es una de las estrategias que muchos centros de yoga y casi todos los profesores utilizamos.

El caso es que a veces ese tema me recuerda a todo el asunto del pensamiento positivo y al famoso “me amo, me acepto y me apruebo” de Louise Hay. De hecho uno puede tener la sensación de que practicando hatha yoga o alguna disciplina similar todas las maravillas del universo van a llegar de repente a su vida.

No niego que a primera vista eso sea así, porque efectivamente todo lo que se experimenta cuando uno se inicia en la práctica y cuando persevera en ella son beneficios y buenas sensaciones, algo realmente magnífico y digno de mención. Yo mismo estuve flotando en una nube durante los primeros meses de práctica.

Sin embargo, cuando uno lo que realmente desea es profundizar no sólo en el hatha yoga per se sino en todo lo que lo rodea (entiéndase meditación, filosofía, espiritualidad, tradición hindú, etc.); en otras palabras, cuando uno no se conforma sólo con la mera práctica psicofísica sino que además quiere profundizar en la dimensión del Espíritu y llegar a probar el sabor de eso que llamamos realización o iluminación, puede encontrarse con sorpresas no del todo agradables.

Porque lo que parece que ocurre es que cuanto más nos acercamos al Espíritu más patente se hace también nuestra Sombra (entiéndase por sombra nuestros conflictos no resueltos, aspectos reprimidos inconscientes y cosas por el estilo), cuanto más conscientes nos hacemos de nuestra dimensión espiritual más acuciante se hace la necesidad de integrar todos nuestros aspectos sombríos y dolorosos (algo que por cierto se puede experimentar como una presión psicológica realmente muy fuerte mientras nos da la sensación de no avanzar en absoluto, ni hacia el Espíritu ni hacia la Sombra).

Y es muy posible que esto sea así porque precisamente la misma puerta que conduce al Espíritu es la que permite la entrada a nuestras partes oscuras. En todo caso, aunque admitamos que son dos puertas diferentes, lo que sí parece cierto es que el mecanismo de la represión se debilita, lo cual quiere decir que al mismo tiempo que nos abrimos al Espíritu también nos abrimos a la Sombra, algo que muy bien podría ser inevitable ya que en este caso de lo que se trataría es de la operatividad del mecanismo de apertura y cierre de todas esas puertas psíquicas.

La pregunta que nos podemos hacer es: ¿nos podemos acercar al Espíritu manteniendo cerrada la puerta de la Sombra, o la participación de ésta es una condición sine qua non para nuestro desarrollo? En otras palabras, y como mucha gente se ha preguntado, ¿es posible el desarrollo espiritual sin sufrimiento? Ese es el asunto en esta dulce mañana veraniega.

sábado, 6 de junio de 2009

Microrrelatos IV

Finalmente para ver mi libro de microrrelatos tendremos que esperar hasta finales del verano. Lo cierto es que las cosas se han alargado más de lo previsto. Así pues, os dejo con una nueva entrega de estos minicuentos.

LAS BOLAS DEL ENANO

Aún no he estudiado el Tarot, pero os aseguro que algún día lo haré. Conozco de pasada los arcanos mayores. Me pregunto cómo sería un posible arcano veintitrés, aunque dudo que pueda caber una nueva imagen en ese mazo si nos ceñimos al número en la cábala y en el alfabeto hebreo. Pero imaginando puedo ver a un pequeño duende con gorro de cucurucho y con polainas transportando un carretillo que contiene bolas de colores, tal vez frutas o huevos. Nos mira con curiosidad mientras camina sujetando la carreta pero no hay ninguna emoción en su rostro. Parece querer comunicarnos que en cualquier momento va a desaparecer. Está dando un paso firme, un pie delante del otro. Son pies pioneros, se dirigen a alguna meta nueva y desconocida, pero no tiene miedo. Transportar esas bolas es su misión. El es el señor de los pioneros, de los precursores, pero no tantea a ciegas. Se ha instruido en numerosas artes, especialmente en el transporte de carretillos de ese tipo. Su conocimiento es humilde, se fundamenta y se consolida en esos pasos decididos. La tarea del transporte de esa materia, bolas desconocidas que son también un tesoro o una sorpresa, es el trabajo pesado de los peones, pero lo sabe llevar con la dignidad de un rey. Eso sacraliza su obra, le da valor y a él lo eleva al rango de los enanos divinos y de los maestros.

Yo dibujé a ese enano en el parvulario, fue mi primer dibujo. Mi maestra me castigó por atreverme a hacer mía aquella imagen, pues la pinté sin que me lo pidiera. Ahora me doy cuenta de que siempre amé aquel retrato, en él se mostraba mi cara. Poco a poco me voy descubriendo como el protagonista de una historia más alta en la que se transportan algunos regalos para las almas. He crecido más que aquel gnomo. Lo imito, pero sin la necesidad de chalecos de colorines ni de babuchas. Botas sí, pero las apropiadas para levantar ese carro lleno de piedras redondas con las que construiré mi casa. Encontraré el naipe secreto al atravesar su futura puerta.

sábado, 23 de mayo de 2009

Michael Daniels

Definitivamente el mundo de lo transpersonal parece ser una caja llena de sorpresas. Cuando todos creíamos que los pensadores más brillantes en este campo y las universidades y centros que ofrecían algún tipo de formación en ese terreno estaban al otro lado del charco, apareció Daniels para dar más peso al lado europeo de la balanza. Si no lo conocéis os recomiendo la lectura de su libro Sombra, Yo y Espíritu.

Bastará decir que Daniels lidera el único programa europeo que ofrece, en forma de master, una formación en Psicología Transpersonal. Se trata de la Liverpool John Moores University (LJMU), centro al que pertenece. A mi juicio su libro es posiblemente uno de los libros de Psicología Transpersonal más importantes que pueden encontrarse hoy día en el mercado. En él Daniels pasa revista a todas las teorías más importantes en el campo de lo transpersonal además de ofrecernos su propia visión. Lo siento, pues, wilber fans, Ken pierde puntos.

sábado, 9 de mayo de 2009

Signatura, Trauma del Nacimiento y Flores de Bach

Aquí tenemos lo que parece ser un nuevo eslabón perdido entre la Psicología y las Flores de Bach, lo cual siempre es una buena noticia. Se trata de la posible relación entre los 12 sanadores (los primeros 12 remedios que Bach descubrió) y determinados traumas del nacimiento.

La relación ha sido propuesta por Jordi Cañellas en su libro Cuaderno Botánico de Flores de Bach. Desde luego dicha relación podría contribuir positivamente a tender un puente entre la Terapia Floral y la Terapia Primal propuesta por Janov. En palabras del propio Cañellas: Las 12 personalidades o tipologías descritas por Bach a través de los 12 sanadores, a la luz de la signatura, podrían asociarse a 12 traumas que condicionan el fluir en las vidas. Son aquellos aspectos ocultos y primigenios [y, por tanto, inconscientes] que marcaron nuestra existencia y nos condujeron a expresarnos en 12 formas básicas de carácter (y 12 signos astrológicos).

Al margen de esas consideraciones, el libro, y casi todo el trabajo de Cañellas, se basa en el controvertido y problemático asunto de la signatura, una teoría (precientífica desde muchos puntos de vista) recuperada por Paracelso y que se basa en la idea de que las plantas portan los signos (formas, tamaños, colores, etc.) que determinan sus virtudes.

Podéis encontrar algunos artículos de Cañellas y algunos links interesantes en
www.eljardidelesessencies.com