«Los verdaderos maestros no dejan huella. Son como el viento de la noche que atraviesa y cambia por completo al discípulo sin por ello alterar nada, ni siquiera sus mayores debilidades: arrastra todas las ideas que tenía sobre sí mismo y lo deja como siempre ha sido, desde el principio.»

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber

viernes, 21 de mayo de 2010

Journal of Transpersonal Research

Una buena noticia: tenemos en la red una nueva revista de Psicología Transpersonal. Se trata de http://www.transpersonaljournal.com/, y se edita en castellano y en inglés. Así que podremos leer trabajos de cierto nivel sobre muchos temas relacionados con ese campo de la Psicología en nuestra lengua patria.

De igual forma, supone un gran aliciente para todos los que humildemente estamos haciendo nuestros primeros pinitos en este tipo de investigaciones. Todo eso, unido al hecho de que lo transpersonal suele dar mucho juego y abrirse a muchos otros campos de estudio, garantiza nuestra curiosidad. Ya podéis descargar el primer número, y totalmente gratis. Lo celebramos.

martes, 13 de abril de 2010

Ajo y café

Por las mañanas, antes de desayunar, me tomo medio diente de ajo, o uno entero si no es muy grande. También tomo café. Eso sí, no demasiado. La norma suele ser alrededor de cinco a la semana. Estos referentes, me temo, me sitúan entre los yoguis heterodoxos y transgresores.

Y es que tanto el café como el ajo figuran en la lista de alimentos que se desaconsejan para todo buen yogui que se precie, el primero por rajásico (excitante) y el segundo por tamásico (paralizante).

Sin embargo, yo no le hago demasiado caso ni a esas antiguas clasificaciones ni a la famosa doctrina de los gunas. Sencillamente no creo que comer ajo y tomar café nos haga menos espirituales ni nos aleje de la pureza sátvica que tanto proclaman los puristas de esta tradición.

En mi opinión, tanto la teoría de los gunas como muchas otras cosas relacionadas con el yoga necesitan ser revisadas para que hoy día tengan alguna credibilidad y puedan adaptarse a los nuevos tiempos. Porque si sólo admitimos como válidos los alimentos sátvicos, ¿cómo podemos entender a Krishna en el Gita?: Si el alma supera los tres modos de ser de la naturaleza [los tres gunas, no sólo tamas y rajas], no estará sujeta al nacimiento, a la muerte, a la vejez y al dolor, y, por el contrario, alcanzará la inmortalidad.

Así pues, soy un yogui tamasizado y rajasizado. Espero que eso no me impida reconocer el resplandor de la divinidad en los torbellinos del samsara, aunque tenga el sabor del ajo y el aroma del café.

martes, 6 de abril de 2010

42

Cuarenta y dos. Eso es lo que pone en mi DNI. Hoy cumplo cuarenta y dos años y cuatro meses. ¡Quién iba a decirlo! Sin embargo, en cierta forma, siento que mi vida aún no ha comenzado. De hecho no me da la impresión de tener un cuerpo de esa edad. Y si tengo que atenerme a la edad psicológica menos aún. En muchos aspectos no pienso de forma muy diferente a la época en la que rozaba la veintena.

Lo que sí noto es haber adquirido cierta profundidad y cierta madurez. Está claro que desde los cuarenta uno tiene cierta perspectiva de su vida anterior, probablemente porque uno va estando más cerca de la cumbre de la montaña, si es que hay alguna cumbre que alcanzar. Es posible que si hablamos de edad espiritual no haya muchas cosas que decir.

Desde las alturas ganadas preveo dos décadas de deliciosa batalla por delante con muchos proyectos de por medio. Tal vez, si sigo en este mundo, a eso de los sesenta y cinco monte una tetería, siempre me gustó la idea. Ese podría ser un buen lugar para el reposo del guerrero. No faltaría allí sitio para las tertulias, para el arte, para todo tipo de tés y, por supuesto, para el mejor café del mundo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Los últimos monos literarios

Yo soy uno de los últimos monos literarios, uno de esos a los que las editoriales apenas hacen caso, uno de esos que tienen que olvidarse de publicar con alguna editorial conocida, uno de esos que, por supuesto, debe olvidarse de aspirar a vivir de la literatura.

Pertenezco e esa extraña clase de monos cuyas huellas apenas pueden verse en los escaparates de las librerías, uno de esos que tímidamente acuden con sus relucientes trabajos al librero más cercano llenos de optimismo, uno de esos a los que casi se les esfuma la ilusión puesta letra tras letra cuando ven que después de cuatro meses acumulando polvo entre miríadas de libros sólo se ha vendido un único ejemplar.

La extraña condición de último mono literario puede llegar a ser dolorosa en algunas ocasiones, sobre todo cuando da la sensación de que a uno nadie lo ve, cuando uno intenta presentar con todo el amor del mundo el recién parido hijo literario y tiene que marcharse a casa cabizbajo tras haber tenido que suspender el evento porque nadie acudió a la cita.

Ese es el riesgo que corremos los monos de las letras, el riesgo y el desafío. ¡Dulce apuesta! Sin embargo la monez es bella, porque desde ella reclamamos y proclamamos nuestra sublime, inquebrantable e insobornable condición de monos bellos, auténticos y creadores.

Adivinamos que la poesía y el arte se bastan a sí mismos, porque somos capaces de canalizar una monalidad bella y desnuda que desafía renglón tras renglón las modas y las bazofias literarias que demasiado a menudo campan a sus anchas en el mercado.

No por ser monos vamos a dejar de tener ojo crítico, ¡faltaría más! Además, desde nuestra anónima y camaleónica posición nos atrevemos a instigar a todos para que esta perspectiva tan mona sea cultivada por quien quiera y como quiera, la creatividad y la visión no tienen límites. Sólo se necesitan unos modales monales.

Acaso ser un simple mono tenga algún sentido. Lo sospechamos cuando leemos lo siguiente en La Gran Cadena del Ser de Lovejoy. El fragmento corresponde al prefacio a The English Works of George Herbert de G. H. Palmer:

Las tendencias de una época aparecen más diferenciadamente en los autores de menor rango que en los genios que la dominan. Estos últimos hablan del pasado y del futuro al mismo tiempo que de la época en la que viven. Son para todos los tiempos. Pero en las almas sensibles y atentas […] los ideales del momento aparecen recogidos con claridad.

Columpiémonos pues entre las ramas literarias, aún hay mucho bosque por delante.